El Hambre como personaje

La personificación del hambre como necesidad vital en la novela homónima de Knut Hamsun

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Grabado de la artista Käthe Kollowitz

Siempre me interesó el significado secundario de la palabra hambre, en cuanto carencia de lo material que impide la subsistencia. Más éste, que el habitual de estómago vacío, aunque uno y otro vayan asociados. En ese sentido, la novela “Hambre” de Knut Hamsun, es la personificación del ciudadano que vaga por un entorno geográfico sin encontrar salida a sus necesidades materiales. Algo que tiene mucho más que ver con su situación personal que con el mundo que el rodea.

Y esta es la segunda cosa que me fascina de Hambre. El acierto de Knut Hamsun es haber discernido cómo sicológicamente el personaje protagonista no atiende al mundo exterior. No tiene interés para él que haya sido la política, las condiciones de vida, su formación o su suerte, lo que le ha conducido a la necesidad. Porque esta es tan acuciante que sólo le permite sobrevivir, no pensar en circunstancias. En ese sentido, un libro en que el que “no pasa nada” te mantiene de forma permanente agarrado por el cuello. Y ni siquiera te suelta al final.

Nadie diría que esta novela fue escrita en 1890, porque leída hoy, a diferencia de otras de esa fecha, parece rotundamente moderna. Su protagonista, Widel-Jarlsberg, narra en primera persona sus vicisitudes, con altibajos de humor, determinaciones ridículas, y accesos de decisión absurdas. Si fuéramos honestos con de nosotros mismos, reconoceríamos que esto es lo que nos sucede en nuestra vida diaria.

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Madre e hijo, de Käthe Kollowitz

El gran acierto, la genialidad de Knut Hamsum, es desvelar que los seres humanos no nos guiamos por la razón sino por los sentimientos. Y eso ocurre tanto para los más prósperos como para los más desfavorecidos. Muchos críticos consideran que el protagonista de Hambre tiene problemas sicológicos, pero yo más bien creo que el escritor acierta al reflejar las oscilaciones de carácter a que pueden dar lugar la extrema necesidad. En su alucinado recorrido por la ciudad en que reside, Widel-Jarlsberg lo mismo entrega ropa y comida a los pobres -aunque él mismo la necesita-, que está a punto de devorar el lápiz con el que escribe.

Hambre es, además, una novela de ambiente profundamente opresivo. El protagonista entra y sale del cuartucho en el que vive, pero la ciudad fuera de él parece circunscribirse a espacios muy concretos. Como si no pudiera caminar o desplazarse, sino más bien hacer traslados de su cuerpo de celda en celda. Este ambiente cerrado se hace mayor porque no hay ni una sola reflexión sobre que las circunstancias políticas, sociales, de cuna o educación hayan influido en su suerte. Aparece alguna vaga referencia, pero siempre es secundaria frente a la necesidad de comer.

 

(…) Todos los días trabajaba mucho, dándome apenas tiempo de tomar mi alimento antes de ponerme a escribir.
Mi lecho, como mi mesilla vacilante, estaban llenos de notas y cuartillas escritas, en las que trabajaba alternativamente. Agregaba a ellas las nuevas ideas que se me ocurrían durante el día, modificaba, daba vida a los puntos muertos con una palabra escogida de aquí o de allá, avanzaba con gran trabajo de frase en frase, a costa de grandes esfuerzos. (…)

El escritor debe describir “el susurro de la sangre, y el deseo que nace de la médula ósea”. Son palabras de Hamsum, cuya obra ha sido reconocida como la que inaugura la literatura sicológica, especialmente con el flujo de conciencia y el monólogo interior. Autores como Thomas Mann, Franz Kafka, Henry Miller, o Herman Hesse reconocieron la influencia ejercida en su obra por Hamsum.

 

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Francisco de Goya, Serie “Desastres de la guerra

Pero Hamsum sigue siendo también ese autor que pasa de mano en mano en susurros. Decidido y firme defensor del nazismo, elogiado por Goebbels, y autor de un elogio de Hitler a su muerte en que le describe como “guerrero de la humanidad y firme defensor del deseo de justicia de todas las naciones”. Él era noruego, y si no añadió “arias” después de naciones fue porque lo daba por hecho. Su país natal ha hecho un enorme esfuerzo por separar al nazi del escritor, pues oscilan entre el orgullo de tener a un genio de las letras y a un auténtico criminal ideológico reunidos en uno. El lector puede estar tranquilo. En Hambre no hay una sola referencia a las ideas del nacionalsocialismo, ni tampoco a sus fuentes. Tampoco son detectables, en mi opinión, en el resto de su obra. Pero aunque así fuera, dejar de leerla sería perderse una narración maestra.

 

Autor: MST Martín Sacristán

Escritor, periodista, creador de contenidos Y con la palabra, lo que tú quieras. www.martinsacristan.com

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