Bambi, una vida en el bosque. Ni parecido al Bambi de Disney.

Decir Bambi es remitir a la película de animación de Walt Disney, un largometraje de animación tan hermoso como ajeno a la obra original que inspiró su guión, “Bambi, una vida en el bosque”. El animador americano se quedó con la trama original despojándola no solo de su mayor poética, sino también de toda una serie de valores que retratan tanto las reflexiones filosóficas sobre el sentido de la vida del hombre, como la relación entre padres, hijos, hombres y mujeres. Todo contado a través de los ojos de las criaturas que viven en los bosques.

Primera edición de Bambi
En la primera edición en alemán de Bambi no aparecía un ciervo, sino la visión que el mismo tendría al caminar por el bosque.

Su autor, Félix Salten, fue un representante de la Joven Viena, uno de esos escritores modernistas que en el fin del siglo -el XIX- se reunía con sus compañeros en las tertulias de café. Para intercambiar lecturas, críticas, y también amantes. Indolentes, bohemios, bebedores, folladores, aquella panda era la compañía ideal para ir de bares, y subrayo esto porque el libro “Bambi, una vida en el bosque” es erróneamente etiquetado como una historia infantil por los editores contemporáneos. La maldita herencia de Walt Disney. El Bambi de Salten es una novela corta, pero desde luego nadie que no haya llegado a la edad adulta comprenderá sus matices. O no un niño actual, quizá sí los de 1926, cuando se publicó.

Tomemos como ejemplo el capítulo 7, uno de mis favoritos. De pronto desaparecen todos los personajes que nos habían acompañado, incluido el principal, el ciervo. Tenemos a dos hojas de roble, amarillas por el otoño, colgando de una rama y conversando entre sí. En tres páginas de pura poesía y metáfora pura, esas dos excrecencias vegetales resumen la mayor tragedia de existir, la muerte. Y lo hacen en términos humanos.

¿Será cierto que cuando nosotras nos hayamos ido vendrán otras hojas a ocupar nuestro lugar, y después de ésas, otras, y así sucesiva e indefinidamente, unas hojas irán reemplazando a otras?

Cuando una hoja pregunta a la otra qué es de ellas cuando caen, y si hay algo más allá, y se pone a temblar, resume la pregunta que todos, alguna vez, al rebasar la niñez, nos hacemos. Porqué hemos de morir.

En este capítulo, que no es sino un intermedio para anunciar que llega el invierno, pero también que la vida de Bambi va a cambiar, se resume de qué trata esta novela de Salten. No de unos animalillos viviendo en su bosque, acosados por el miedo al cazador. El argumento versa sobre cómo uno mismo acaba convertido en adulto, el viaje que ello conlleva, y la amargura de descubrir que ni la familia, ni los amigos, ni la seguridad del entorno garantizan la vida. El pequeño ciervo, que acabará convertido en un príncipe del bosque, solo sobrevive al asumir la amarga filosofía de su padre. Permanecer solo, desconfiado, y huir, siempre, del hombre.

Aquí radica una de las grandezas del Bambi de Salten, el tratamiento de los cazadores. Como representantes del hombre, son la amenaza para los ciervos y para el resto de criaturas cinegéticas -faisanes, zorros, etc.- En su recorrido vital, Bambi los enfrenta, es herido, pierde a su madre a causa de ellos, pero, sobre todo, aprende a conocerlos.

Salten incluso usa la figura del idealista, el soñador demasiado ingenuo que cree en un futuro maravilloso donde todos los conflictos desaparecerán. En este caso emplea a una cierva , Marena, que anuncia a todos la buena nueva, un día Él -así denominan siempre al hombre- irá a vivir con ellos al bosque y será tan bueno como ellos lo son unos con otros.

El descubrimiento para Bambi de que no será así se producirá por vía de uno de sus amigos, Gobo, un cervato que es llevado como mascota por los cazadores, y que un día regresa al bosque, ya adulto, para contarles las maravillas de su vida en cautividad. Demasiado confiado con los humanos, acaban dándole caza, y con ello el protagonista aprende que el trato que las criaturas del bosque pueden esperar de los hombres es únicamente la depredación y la muerte.

Bambi por Alfred Kubin
Esta ilustración de Alfred Kubin, simbolista, representa el estilo favorito de ilustraciones preferidas por Salten y su círculo de bohemios escritores de cafetín literario.

Salten incluye aún otra lección vital universal. Ya hacia el final del libro un perro, persiguiendo a un zorro herido, lo acorrala en un claro. El zorro suplica por su vida, el perro le ignora, ladrando para llamar al cazador. Los animales de las cercanías se lo reprochan, le llaman traidor. El perro se defiende, les llama canalla, asegura que el hombre tiene la supremacía sobre todos ellos. Y al final el viejo ciervo, el Príncipe que surge para acompañar y aconsejar a Bambi, resume en una frase otra gran evidencia de la vida en sociedad:

“- Lo más horrible de todo es que los perros creen sinceramente en lo que acaba de decir este podenco. Creen en eso, y se pasan la vida con miedo; odian al amo y se odian a sí mismos, y sin embargo serían capaces de morir por él-.”

Cuántos fanáticos, lameculos y personas serviles hemos conocido en nuestra vida, que por temor e incapacidad siguen a un líder, a un jefe, a un amigo, no importa lo tóxico o irrazonable que resulte. Recordemos, por ejemplo, cómo auparon al poder los votantes alemanes al nazismo. Adolf Hitler aprovechó el cargo para prohibir, ya en 1936, los libros de Salten. En realidad menos por su contenido que por la condición de judío de su autor. Felizmente, abandonó Alemania antes de acabar en un campo de concentración.

Ahora bien, quien considere dar este libro a leer a sus hijos pequeños tendrá que hacer bastante pedagogía. Junto a todo lo anterior, la visión de Bambi es la de un hombre profundamente machista, demasiado reverente ante el poder, y con comentarios sobre la posición social de la cierva, el ciervo, los niños y los pájaros capaces de estremecer esa final piel de ahora, tan capaz de ser herida en las redes sociales. Por poner solo un ejemplo, cuando Bambi, convertido en un ciervo enorme de adulto, en un Príncipe, ve a sus hijos, piensa que quizá se ocupará del pequeño cuando sea mayor, y le ayude. Para la gemela femenina no dedica sino un pensamiento fugaz, el de que le recuerda a Falina, la cierva que amó en su juventud.

Para los interesados en el Bambi de Disney, aclarar que fue el propio Salten quien en 1936 vendió los derechos de su obra al cine, concretamente al productor Sidney Franklin, de la MGM, que a su vez los pasó a quien haría la película de animación. Consiguiendo, por cierto, grandes pérdidas en su estreno: fue un fracaso.

Josephine Mutzenbacher
Definitivamente los padres se pensarían dar a leer Bambi a sus hijos si supiesen que su autor original escribió las memorias de una puta vienesa. Para su tranquilidad, en Bambi ni siquiera se alude a la berrea, esas peleas tan de ciervos por las hembras, y el hecho de que el protagonista se convierta en padre no puede ser más casto. Ahora bien, un padre como el de Bambi comportándose así en el siglo XXI sería considerado, como poco, un maltratador.

Para los interesados en el propio Salten, aclarar que fue autor de numerosos libretos, teatro, guiones y novelas. Incluso de un clásico de la pornografía que vendió 3 millones de copias, “Josephine Mutzenbacher: la vida de una puta vienesa, contada por ella misma”, originalmente publicada de forma anónima. Hoy día solo se le recuerda por esto en los círculos viciosos, y por su historia del ciervo en los literarios. No he leído el resto de su obra, y en mi lista está todavía pendiente “Los hijos de Bambi”, la continuación de su bestseller, pero en mi opinión la fama adquirida por haber escrito “Bambi, una vida en el bosque”, es más que merecida.

41XUwthjMxL._SX319_BO1,204,203,200_
Salten, el hombre de las muchas caras. Y porqué cuando uno escribe un libro infantil tiene que limitarse a esa literatura.