El jardín de las delicias, de Ian Watson

Publicación en español de la editorial Martínez Roca
Publicación en español de la editorial Martínez Roca

No concibo que a Ian Watson se le empiece por otra parte que no sea El Jardín de las delicias, pese a que lo general es recomendar Empotrados. A este autor, que escribe en inglés y vive en Gijón, lo encontraréis enmarcado en la ciencia ficción. En el caso de esta novela, la razón es que sus protagonistas son astronautas que llegan a otro planeta, extrañamente habitado. Pero ahí acaban las coincidencias con el género.

En El Jardín de las delicias la exploración espacial es una mera excusa para dar veracidad a un relato delirante, cuyos protagonistas recorren el cuadro de El Bosco que da título a la obra. Un óleo sobre tabla compuesto de tres cuerpos, donde están representados el Edén de Adán y Eva, el Infierno, y el Paraíso. El despliegue de imaginación del pintor está enlazado con toda una galería de figuras simbólicas, algo muy apreciado en el Medievo y Renacimiento. Citaré como único ejemplo una surrealista taberna en el infierno, contenida en el torso de una figura humana, cuyo rostro se vuelve hacia atrás para contemplar lo que pasa en su interior. Se corresponde, como el resto de composiciones del tríptico, con pasajes del propio libro de Watson. Aquí el autor alcanza la cima literaria de su argumento, con un grupo de celebrantes, a los que se unen los protagonistas en una orgía de sexo y vino. Algo relativamente fácil, pues su primer impulso, apenas aterrizan en el planeta-cuadro es desnudarse. Al fin y al cabo todos sus habitantes han renunciado a la ropa, y disfrutan de los placeres carnales en modo “amor libre“.

Detalle del cuadro de El Bosco
Detalle del cuadro de El Bosco

Toda la obra es un viaje de búsqueda mística por el óleo de El Bosco. En realidad los astronautas están intentando dar una explicación lógica a la inteligencia extraterrestre que ha creado la vida en el planeta, siguiendo un modelo tan surrealista como el de la obra pictórica. Pero mientras lo hacen, profundizan en el conocimiento de sí mismos, e indagan sobre la realidad de ser humanos, y de la relación de lo humano con Dios. De modo análogo a lo que hizo Dante en su Divina Comedia, pues es evidente que Watson ha tomado algún préstamo del autor italiano.

Mezcla de alucinación lisérgica, reflexión filosófica, manual de religiosidad new age, y recorrido pictórico por la obra de El Bosco, la novela podría ser un bodrio infumable. Sin embargo, Ian Watson es capaz de aligerar los problemas de fondo del argumento recurriendo al género de la ciencia ficción. El lector puede evadirse de la parte filosófica, si así lo desea, mientras es arrastrado con maestría por unos mundos muy sugerentes, donde hasta el diablo cumple su papel a la perfección. Y lo más importante de todo, sin necesidad de echar ni una sola mirada al cuadro de El Bosco para disfrutar de la narración.

No me gusta el final, sin embargo. Watson se ha metido en un complicado jardín cuya salida intenta, a la vez, ser de altísimo nivel filosófico, que no alcanza, y quedar perfectamente explicado. Mi consejo es disfrutar hasta la entrada de los protagonistas en El Edén, y no sentirse culpable si cerramos el libro a partir de ahí.

PD.: La edición en España, en español, de este volumen, fue realizada por Martínez Roca en 1986. No abunda en las librerías de viejo, pero aún es posible encontrarlo si uno pregunta, y rebusca.