Las vírgenes suicidas

Descriptiva portada del artista Whitecrow4545. Devian Art, fuente 

Jeffrey Eugenides es uno de los mejores novelistas actuales de Norteamérica. Su novela debut como escritor novel, Las vírgenes suicidas, es un libro que corta literalmente el aliento. Capaz de atraparte en sus páginas y no soltarte ni un solo minuto. Pese a que desde el título ya sepas cómo terminarán sus protagonistas. Esta es una de esas raras ocasiones en que no supone ningún problema que el encabezado de la obra destripe el argumento. Es casi un favor, para que puedas disfrutar del estilo elegante y fluido de su sintaxis, una especie de sostenido narrativo que nunca decae, llevándote por las páginas cogido del cuello. A través de un pavoroso infierno familiar, y una indiferencia en el entorno social casi absoluta.

Los Lisbon, el matrimonio que ha criado a cinco hermanas, es de talante conservador, y coarta la interacción social de sus muchachas adolescentes. El padre es un hombre gris, profesor de colegio, de vida rutinaria, que se desentiende un poco del himeneo que tiene en casa. La madre una mujer estricta muy preocupada por el despertar sexual de sus hijas, y bastante religiosa. Juntos, componen una pareja incapaz de dar respuesta a los conflictos adolescentes.

Los narradores de la historia son un un grupo de jóvenes amigos de las Lisbon, que rememoran lo que ocurrió en su juventud, durante los años setenta, en el vecindario. El barrio, como un personaje más, compone el escenario de interacciones, juegos, y posibilidades de conocerse de los niños, que van al mismo colegio y juegan en los mismos parques, primero, y luego comienzan a salir juntos.  El escritor ha dicho en muchas entrevistas que es, de hecho, un retrato de Detroit, donde él ya percibía los problemas que hoy aquejan a la ciudad. Dentro de ese universo, a medias entre los literario y lo real, la casa de los Lisbon también actúa como un personaje que se transforma, exhibiendo en su exterior lo que ocurre adentro. Este matiz es especialmente importante a medida que transcurre el argumento, llegando a su cenit cuando la narración sobre lo que está sucediendo a las protagonistas podemos saberlo solo por la contemplación de la fachada y las ventanas.

“¡Cuidado! Esta ciudad está infectada de adictos al crack. Cuida tus pertenencias y reza por tu vida. Tus legisladores no van a protegerte.”  Una de las señales del Detroit actual, una ciudad abandonada y en quiebra, escenario de “Las vírgenes suicidas”

El argumento es simple, casi previsible. El matrimonio Lisbon se ve desbordado por el intento de suicidio de una de sus hijas. Su carácter les impide abordar el asunto, como si fuera algo vergonzoso, y en general optan por hacer que no ha pasado nada. Después la madre organiza una fiesta en su casa para que sus hijas se relacionen, especialmente Cecilia, la que ha intentado quitarse la vida. La celebración queda interrumpida por la joven, que decide saltar por la ventana del segundo piso, matándose. Esta tragedia desencadena una carrera con dos oponentes, resumidos en la madre Lisbon. Continuamente oscila entre dar un poco más de libertad a sus hijas, y coartarlas completamente. Dos intentos de solución al suicidio de Cecilia, aunque esté lejos de aceptar que es ella quien propicia esa solución en un ambiente familiar absolutamente sofocante. Las opiniones de su marido, si las tiene, no cuentan demasiado.

Guía para jóvenes de la ciudad de Detroit, una portada que evidencia la libertad sexual de los jóvenes en la década de 1970, tan opuesta a la casa Lisbon. Fuente.

En aquellos momentos en que las Lisbon logran relacionarse con chicos, éstos las descubren como unas jóvenes atractivas y divertidas. Especialmente en la fiesta para que la propia madre les confecciona vestidos, permitiéndolas salir, y fijando la hora de regreso en las once. Lux, la mayor, regresa mucho más tarde, sola y en taxi, después de haberse acostado con su pareja. Y eso hace que finalmente hace prevalecer la idea del encierro en la madre Lisbon. A partir de ese momento, ninguna de las hijas saldrá de la casa. Posteriormente, la junta del colegio (aquí en España, la AMPA, Asociación de Padres y Madres de Alumnos) presiona al director para que expulse al profesor Lisbon. Si no ha sabido educar a su hija para que no se suicide, menos aún puede educar a los demás. Antes que el despido se haga efectivo, el señor Lisbon renuncia. Desde ese momento, la casa se cierra y sus personajes no salen más. Lo que ocurre dentro lo intuimos por apariciones fugaces de las hermanas, y por el grupo de narradores. Los chicos que salieron con ellos en la fiesta, y que parecen los únicos interesados en saber qué pasa.

Al novelista Jeffrey Eugenides, amante de clásicos como Tolstoy, no le seduce Thomas Mann. Fuente

La forma de reflejar la sociedad occidental de Eugenides es tan fiel, que uno piensa casi de forma inmediata en un libro basado en una historia real. Personalmente busqué en internet esperando encontrar un caso como el de “A sangre fría”, de Truman Capote. Pero no es así, y ahí es donde reside otra de las genialidades del libro. El autor no da explicaciones, jamás nos proporciona ni un solo monólogo de los Lisbon, ni conversaciones entre ellos que revelen su carácter -salvo alguna pincelada imprecisa del padre, y de Lux-. En realidad las protagonistas están completamente desvinculadas de los narradores, forzados a descubrir el argumento muchos años después. De hecho, uno de ellos toma voz hacia el final del libro para hacer mención de su barriguita y su calva, haciendo hincapié en que rememora una adolescencia muy lejana.

Pero lo que hace del libro una obra magistral es la madre Lisbon. The Big Bad Mum. Este personaje resume a la vez el estilo de la narración, y nos da la clave del título. Aparece en contadas ocasiones, la mayor parte de las veces indirectamente, siempre desencadenando la tragedia. No puede decirse que actúe por maldad, y de cara al exterior no parece más que una madre demasiado estricta. Es como esos vecinos simpáticos que un día, frente a nuestra misma puerta, han matado a su mujer después de una vida de maltrato. Nunca lo hubiéramos dicho. Porque no nos preocupamos de saberlo, y porque los signos hacia el exterior no eran lo suficientemente evidentes.

N.B. Existe una película basada en el libro y dirigida por Sofía Coppola, pero no la he visto, y es más, no pienso verla. Nunca lo hago cuando un volumen me ha fascinado tanto como éste, porque estoy en comunión con el autor, y cualquier narración que se construya sobre ésta ya no será lo mismo.