Stoner

Primera edición de Stoner. La ventana a través de la que se mira la realidad no es solo una referencia en el propio argumento, sino la descripción sobre cómo decide gastar su vida el protagonista.

¿Qué es una novela de culto? En mi opinión una buena historia que sigue reimprimiéndose a lo largo de los años, sin que los editores sepan muy bien porqué. Y a la que, por no encontrarle explicación, es llevada al cajón de sastre de las llamadas “novelas de culto”. Al parecer, Stoner es una de ellas. Y es necesario hacer este tipo de aclaraciones antes de reseñarla, porque este libro está lejos de ser una historia que puede gustar a unos pocos, característica propia de este subgénero, si es que lo es.

A John Edward Williams, su autor, la universidad de Arkansas en la que trabajó no lo presenta como uno de sus profesores, sino con dos sencillas palabras, novelista y poeta. Nada más cierto, como evidencia Stoner, aunque fuera también profesor universitario de inglés y hombre convencido de que la labor del novelista era, fundamentalmente, una descripción del tiempo. Ese gran enemigo de los escritores, y aliado a la vez capaz de poner las obras en su lugar, si caen en las manos adecuadas. Tal le ha ocurrido a esta obra, que fue publicada de nuevo en 2013, después de haberse agotado en 1965, para convertirse en un auténtico superventas en esta primera década del siglo XXI.

Hay una principal razón para ello, y es el modo en como el lenguaje nos conduce de la primera página a la última con una facilidad de lectura pasmosa, donde a la vez se nos va proporcionando información vital. No cabe duda de que Williams domina su idioma, como profesor del mismo, y lo hace mediante una prosa elegante y fluida. Tan buena como la traducción que ha hecho Antonio Díez Fernández para Baile del Sol en España. Es una de esas ocasiones donde, en mi opinión, y debido tanto a la pericia del traductor como al estilo del autor, no se pierde nada al verter del idioma inglés al nuestro.

El autor de Stoner consideraba que la literatura fue creada para entretener. Y que leer sin divertirse era un acto estúpido.

Ahora bien, no esperemos que Stoner nos deslumbre con un argumento fuera de lo común. Porque es difícil imaginarse que un libro pueda transcurrir tan bien por la senda de lo cotidiano y lo simple, y a la vez ser capaz de encandilarnos tanto. No es lo que sucede, sino cómo está contado, pero también es quién lo está viviendo. Stoner es un personaje que, salvo contadas ocasiones, vive sin apasionamientos. Como una apisonadora, eso sí, porque cuando toma una decisión no hace otra cosa que llevarla adelante, sin considerar si hay una opción mejor. Es, ante todo, el reflejo de los hombres nacidos antes de la Primera Guerra Mundial, que enfrentan una sociedad donde lo roles y las clases sociales están muy delimitados. Hay que adaptarse a ellos y procurar aceptar verdades tan desoladoras como que ciertas mujeres, con las que uno puede casarse, nunca disfrutarán de su sexualidad contigo. Eso, junto a la pobreza en la que nace, y su ascenso social a través del estudio, constituye una narración redonda en cuanto a lo que les ocurría a los habitantes del siglo XX. Algo que parece difuminarse en el mundo actual de contratos precarios y empobrecimiento acelerado de la clase media.

Esta narración desde los márgenes del tiempo en que Williams vivió es uno de los ejes magistrales de la novela, y merecería la pena realizar una disección de su argumento para analizarlo. Sin embargo ello privaría a los lectores de esta reseña del placer de ir descubriéndolo.

La novela ha sido ya editada en 21 países, y pronto será lanzada en China. Williams no ha vivido para ver su éxito, pero al menos su viuda recibirá el pago de los derechos. En Estados Unidos, y de ahí nace el equívoco de decir que esta es una novela de culto, que casi nadie la conoce. Ciertamente es así al otro lado del Atlántico, y ello porque su protagonista no puede ser, en su actuación, más europeo y contenido. De hecho nos parecerá a menudo que estamos en una universidad inglesa, y no en una norteamericana. Pero esta forma de ser, y de narrar, que ya ha demostrado su éxito en toda Europa, colocará a Stoner entre los clásicos andando el tiempo. Un clásico extraño, además, porque nos habla de un tiempo en que las universidades fueron templos en los que refugiarse, lejos de las guerras y los vaivenes del mercado, lugares que tenían que seguir funcionando, sin plantearse porqué. Un tiempo, en suma, pasado, y una novela que define cuáles fueron los márgenes del siglo XX, incluso para quien en el futuro nada sepa de aquella centuria. Magistral.

Una guerra no solo mata a unos cuantos miles o a unos cuantos cientos de miles de jóvenes. Mata algo en la gente que no puede recuperarse nunca. Y si alguien pasa por suficientes guerras, pronto todo lo que queda es el bruto, la criatura que nosotros -usted y yo, y otros como nosotros- han sacado del fango.

Extracto de la traducción de Baile del Sol a cargo de Antonio Díez Fernández