Trabajo sucio, de Larry Brown

Una novela para estar en los altares de cualquier biblioteca
Una novela para estar en los altares de cualquier biblioteca

Me acerco por primera vez a las páginas de Larry Brown en español casi con miedo de ver qué encontraré en mi idioma. Su inglés sureño, del sur de los Estados Unidos, hace en el idioma original algunos de los pasajes incomprensibles. Y no es que dude de la traducción, sino de que el lenguaje pierda fuerza al volcarse al español. Al principio, la verdad, quedo un poco defraudado por la prosa facilona, y un lenguaje aséptico, carente de jerga, y que no parece reflejar el nivel cultural de los protagonistas. Pero se me pasa enseguida. Y, la verdad, acabo preguntándome porqué “Trabajo sucio” no tiene tanta fama como “Johnny cogió su fusil”, de Dalton Trumbo.

El equipo de DW. Fuente www.dirtyworks.com
El equipo de DW. Fuente http://www.dirtyworks.com

Los lectores españoles están teniendo la enorme suerte de que en su país surjan sellos editoriales independientes, dirigidos por grandes lectores. Dirty Works (DW) es uno de ellos, y además la editorial responsable de haber publicado, y traducido, “Trabajo sucio”. La editorial no sería lo mismo sin Javier Lucini, Nacho Reig, Rosa van Wyk e Iban Sainz Jaio. La entrevista en Jot Down habla por sí misma de estos amantes del sur estadounidense, que además cuidan exquisitamente la edición. Merece la pena leerla de cabo a rabo, y descubrir que Lucini es, en sí mismo, un personaje, un escritor, y un rockero. Y si eso ya es fascinante de por sí, el catálogo de DW es como para tenerlo, completo, en la mesilla de noche.

Pero hablemos de “Trabajo sucio”, y de Larry Brown. Para hacerse una idea de lo poco conocido que es, carece de una entrada en la wikipedia en español. Con todos sus defectos, la enciclopedia online es un recurso fácil cuando no sabes quién es alguien, y te sitúa para buscar más información. Gracias al vídeo de una corta entrevista, en inglés, volcada por Lucini en su twitter, descubro a un escritor amante de reflejar a personajes rotos. Lo primero que viene a la cabeza, entonces, es una larga lista de escritores que con una prosa descarnada y una cierta afición a la bohemia, nos descubrieron que en literatura se puede también hablar con estilo de las cosas sucias de la vida. Desesperación, pobreza, drogas, sexo, alcohol, prostitución, como un fin en si mismo, inaugurado en mi opinión por “Las flores del mal”, de Baudelaire. Hablo de una larga lista, que va desde Céline a Buckowsky, y, naturalmente, William Burroughs. Pues bien, Larry Brown no es nada de eso, porque lo supera de largo.

Ilustración para la portada de "Trabajo sucio", de Iban Sainz Jaio.
Ilustración para la portada de “Trabajo sucio”, de Iban Sainz Jaio.

Brown fue un tipo sin formación, que hubo de ir a una academia de verano para reforzar la asignatura de lengua. Bombero, entre otras muchas cosas, aprendió a dominar su lengua a base de escribir -mal, al principio-, y de fracasos editoriales. Tenía una vocación de caballo, y una capacidad enorme para observar a los desgraciados, contar su historia, y conmovernos. Profundamente. Sin usar un solo adjetivo. Esto es lo que hace en “Trabajo sucio”. Esto, y una narración paralela entre dos personajes, los dos protagonistas, ambos soldados, ambos en un hospital de veteranos, ambos con unas secuelas, a consecuencia de sus heridas, terribles. Y lo mejor de todo, en una novela que no es antibelicista, sino humanista.

Porque si al principio la historia transcurre lenta y simplona, y te descoloca porque dos personajes tan absolutamente reventados no rabian, ni se quejan, ni se desesperan, te va agarrando el corazón (por no decir de un sitio más feo) hasta tenerte cogido del todo. Uno podría vomitar por lo injusto que es el mundo con la juventud que es mandada a un servicio militar, y a luchar en la guerra, y luego se desentiende de lo que les haya pasado. Pero en “Trabajo sucio” piensas más en la condición del veterano, de vuelta en la vida civil, con lo material solucionado, y sin ninguna esperanza vital más allá de estar vivo.

A dónde podría conducir una historia como ésta. Lo cierto es que hasta muy avanzado el libro, Brown consigue despistarnos para que no nos demos cuenta de que se masca la desgracia. Una desgracia lenta y contenida, como todo lo demás, lo que la hace más trágica. Pero es que hay una historia paralela, corriendo ante nuestros ojos, que cierra el único rayo de esperanza que nos había abierto el libro. Brutal.

Edición norteamericana del libro, por la editorial Algonquin
Edición norteamericana del libro, por la editorial Algonquin

Entiendo que Larry Brown no sea universalmente conocido. Es un escritor de mucha altura, que posiblemente con el tiempo sobreviva a muchos otros que ahora tienen más fama. Ahora bien, nadie venderá muchos libros contando lo horrible que es el mundo. Me lo dijo una lectora una vez, y fue una gran lección. Para el que quiera aprendérsela.

Comentar, por último, que el diseño editorial de DW es una obra de arte. Lejos de preocuparse únicamente por lo estético, el tipo de papel, impresión, y encuadernación, responde a lo que quienes amamos los libros reclamamos. Calidad, belleza, y consonancia con el contenido. Eso, y el toque de una ilustración en portada que, intuyes, es un aterrador instrumento quirúrgico, obra de Iban Sainz Jaio. Claro que este ilustrador es uno de esos tipos de aquí que hacen unos dibujos como para quedarse tonto mirándolos. Con la lectura llega a saberse lo relevante que resulta. Son los toques, en fin, de unos editores de raza, que acabarán siendo conocidos por todos, y vendiendo cientos de miles de libros.

Portada de la edición DW
Portada de la edición DW

PD. y declaración de independencia: el autor de este artículo no tiene relación alguna con Dirty Works, no le han pagado por él, ni por los elogios, y su única relación con ellos es haberles comprado un par de libros.