España en Regional, Alfonso Vila-Francés

Edición 2020 de Maledicto ediciones, Alfonso Vila-Francés

Vendrán días, supongo, en que el viaje volverá a ser un desplazarse por lugares que no conocemos, sin más ánimo que ir viviendo. Ni fotos para el postureo ni empeño en decir que todo ha sido positivo. Habremos olvidado entonces las atosigantes exigencias del turismo y el marketing. Si eso ocurre volveremos a viajar con esa actitud de viajero del XIX que tiene para lo suyo Alfonso Vila-Francés.

Fotografía de Alfonso Vila-Francés

“Pese a todo, ha llegado un momento, ya casi al final del viaje, en el que me he quedado sin ganas de hacer nada, me he dejado vencer por el aburrimiento y el desánimo y ya solo deseaba salir del tren lo más pronto posible. “Estas cosas pasan. Nos pasan a todos. No hay que sentirse culpable por ello. (…) No todo tiene que ser estupendo y maravilloso EN TODO MOMENTO para que un viaje sea, en conjunto, estupendo y maravilloso.”

En España en Regional nos cuenta cómo es eso de montarse en un tren regional, un tren lento, y disfrutar de la experiencia de desplazarse. Su libro, insólito, te lanza a la vía y te da breves de las estaciones, edificios a menudo en ruinas. Se calla mucho, y eso saca a menudo de quicio, al menos a mi, siempre ávido de detalles. Pero al terminarlo me he dado cuenta de que es un gran acierto. El estilo de Vila-Francés consiste en decirte que él ha venido aquí a sentarse en un vagón y a no tener prisa, y si no le acompañas en la actitud, te perderás la experiencia que va a transmitirte.

“Y eso es exactamente lo que pienso ahora: que este es otro viaje más en otro regional español. Por lo tanto voy a tener en cuenta algunos factores: la comodidad, la puntualidad, el cansancio, el resultado del viaje (si consigo hacer muchas fotos, si tomo muchos apuntes, si leo un libro o no leo un libro…). Esto me hace puntuar los viajes con una nota que solo me sirve a mí, y que es una primera nota provisional (…)”

Me compré este libro con las mismas dudas con las que hubiera adquirido un billete para un regional. Mi única garantía era haber conocido a Alfonso en persona en Sevilla, hace años. Además de leerle a veces en JotDown. Hasta donde sé es escritor fotógrafo y poeta, un tipo interesante, creo que muy ligón, con corazón de periodista vago además. Lo digo porque en su libro descarta a menudo explicarte sin ningún pudor lo que no sabe ni se esfuerza en saber. A diferencia de los pedantes no te referencia explicaciones de wikipedia, lo dice y punto. Como cuando asegura ignorar lo que ocurre en Laboratorio Subterráneo de Canfranc, una gruta de científicos locos construido aprovechando un profundo túnel bajo los Pirineos. Y que despacha con algo así como “un físico intentó explicármelo”. A cambio de cosas como esas, de sus silencios y elipsis tiene luego destellos, como los de esa maravillosa página 101, donde te descubre que Los Urales de Doctor Zhivago eran en realidad un paisaje soriano con el Moncayo de fondo. Que nunca más podremos experimentar por nosotros mismos porque la línea se cerró. Un detalle que enlaza con la página 129, con los informes del Banco Mundial que en los 60 quería abolir las líneas de tren para fomentar el uso del coche. Al regional español lo están devastando, como a tantas cosas, pero aunque el autor lo cuenta, eso es solo una parte más de este engranaje. Escrito con una clara intención de irte atrapando poco a poco. Alfonso, como buen poeta, te describe a veces esos instantes de soledad en las habitaciones de hotel, entre tren y tren, el cansancio de hablar con los desconocidos, los momentos de desaliento. Es un viajero insólito, un viajero en tren regional. De haber nacido mucho antes y en un lugar que no fuese el ruedo ibérico, habría sido un clásico escritor de guías de tren como los ingleses.

Otra fotografía del autor sobre las vías.

Pragmático, el autor decía en un tuit que “España en Regional” tuvo la fortuna de salir al filo de la explosión pandémica, respiraba medio aliviado por haberse salvado de la expulsión del catálogo, pero sin grandes esperanzas de vender. Libros como éste, ferozmente independientes, tienen repercusión limitada en el esquema del mercado de distribución de las librerías. Pero a veces, como en este caso, son tremendamente pertinentes. Con el turismo desplomándose, y el miedo o la prudencia hechas experiencias universales, retomaremos tarde o temprano el viaje sin expectativas, el que solo nos prometía vivir. Vila-Francés nos invita a paladearlo así en sus páginas. Y la verdad es que te contagia las ganas, hasta que te apetece subir a uno de esos trenes. Es un decir, porque yo ni loco me subiría a un medio de transporte tan lento y abrumador. Precisamente por eso me he puesto a reseñar este libro, es lo más cerca que estaré nunca de viajar en un regional. Y como eso es lo que busco en la palabra escrita, vivir experiencias y fantasías que de otro modo no cabrían en mi limitada vida de hombre, apunto este volumen a mi relación de libros trascendentes.

“No sé qué pensar sobre este asunto. Debería alegrarme poder viajar gratis en tren. Pero he leído mucho y he oído mucho sobre “la poca rentabilidad de algunas líneas” y al final siempre se cierne la misma frase amenazante: “Habría que plantearse cerrar estas líneas de baja rentabilidad”. ¿Pero cómo puñetas va a ser rentable una línea si ni siquiera se cobra billete a los viajeros?”.