La LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) que no se puede escribir

My Big Brothers
“Mi segundo hermano está en prisión porque disparó once veces a un hombre a plena luz del día. El hombre debía dinero a mi hermano, pero no se lo devolvió.”

Y de la que no se debe hablar, debería decir. El mundo editorial es una industria que precisa ser masiva para hacerse viable, y los problemas de un segmento de la infancia no pueden convertirse en beneficios en el mercado. No son lo suficientemente numerosos como para generar beneficios, y sus padres tienen demasiados problemas como para estar preocupados por si sus hijos tienen una adecuada biblioteca. Es por ello que me ha llamado poderosamente la atención la iniciativa de la asociación Youth Ambassadors, jóvenes embajadores, de Kansas, Estados Unidos. Conscientes de su objetivo de ayudar a personas que están en desarrollo mental, sicológico y emocional, han elaborado unos libro álbumes destinados a ayudarles a comprender.

Puedo decir que esta es una de las cosas más difíciles cuando eres pequeño, porque parece rodearte un mundo “normal” que difícilmente te creerá o en el que hallarás comprensión. Yo fui víctima de acoso en el colegio y tal término no se había inventado, mis padres me pegaban y tampoco recuerdo que se hablara de la violencia doméstica. No pertenecí a una familia desestructurada ni pobre, así que era imposible que en mi entorno existiera algo parecido a una explicación. Por no hablar de alguna ayuda. Un referente que te ayude en la infancia a entender porqué tú te hallas en esas situaciones que te hacen sufrir, y los demás no, ayuda a sobrellevarlo y alcanzar una madurez “normal”. Y entiéndase esa palabra como análoga a la que tiene la mayoría de la gente. Señalo todo esto para indicar que en el libro que citaré no hay que buscar historias extraordinarias ni ilustraciones de premio. Lo que no le quita un ápice de valor literario.

El volumen puede descargarse aquí, y se compone de tres fábulas con animales. Un primer acierto, compartido con el mundo editorial oficial, donde los problemas son siempre abordados mediante personajes que son ratones, conejos, osos… La toma de distancia ayuda a verse reflejado en situaciones que resultan muy angustiosas.

The Good Man
Y un día este “hombre bueno” pegó a mi hermana porque no tenía suficiente dinero para comprarse más crack.

La primera historia, “The Good Man”, el hombre bueno, es relatado desde el punto de vista de una niña. Tiene por madre a una joven madre adolescente que busca un “hombre bueno”, eligiendo por tal a un drogadicto fumador de crack. La niña explica cómo acaba sola con él después de que él hace que todo el mundo huya de la casa. Supongo por el contexto que es su hija, así que no tiene otra salida. No hay final feliz, naturalmente, pues de lo que se trata es de ayudar a los niños a comprender y aceptar el mundo que los rodea, para salir de él.

La segunda historia, Dinner Time, presenta una madre sola tiene que alimentar a sus hijos y para conseguir que tengan unas raciones “adecuadas” deja de comer. Uno de los niños, seguramente más mayor, se hincha la tripa a base de vasos de agua para que le sobre comida y poder dársela a su madre. La frase final es de una rotundidad aplastante: “todo el mundo necesita comer”. Y en apariencia es un modo de ayudar a entender a los niños más pobres que quizá quitándose ellos mismos un poco de comida puedan hacer que sus padres también se alimenten. No hay soluciones fáciles en la pobreza.

La última historia, “My Big Brothers”, Mis hermanos mayores, es de una violencia inusitada. Conejitos siendo arrestados con la pistola de un policía en la cabeza, otro que descerraja once tiros a una rana en la calle porque le debe dinero, y otro más que ahoga a una rata en unos lavabos porque intenta violarle. Son mis hermanos mayores, dice la protagonista, y los quiero aunque no siempre hagan las cosas bien.

Dinner Time
Así que ella pudo comer algo, porque todo el mundo necesita comer

Son relatos terribles, pero lo son porque se acercan a nuestra sensibilidad y a nuestro propio tiempo. Todavía perviven entre nosotros cuentos que hablan de situaciones infantiles verdaderamente angustiosas, y están plenamente aceptados. Si recordamos Hansel y Gretel, de los Hermanos Grimm, la historia ocurre porque sus padres no pueden darles de comer, y los abandonan en el bosque. Los autores dulcificaron, por sugerencia de los editores, las historias que habían recogido de la tradición oral, pero aún así la narración sobre la casita de chocolate y la bruja del bosque es bastante delicada. En el origen medieval de estas historias estaba reflejada una realidad cotidiana para unos padres sometidos regularmente a carestías provocadas por guerras o hambrunas, especialmente en el medio rural. Casados a los veinte años, o antes, no era infrecuente que abandonaran a sus hijos para que murieran, y así la poca comida que había en la casa les permitiera sobrevivir. Si lo lograban, tampoco era extraño que volvieran a tener más hijos, pues en la reproducción se basaba que cuando la enfermedad y la vejez les alcanzara, alguien se ocupara de cuidarles. La bruja del bosque, y la casita de chocolate se refieren también a los siniestros habitantes de los bosques medievales. Criminales huidos de la justicia, o salteadores de caminos, sus campamentos en lo profundo de la espesura eran temidos, y había sospechas de que sobrevivían durante las hambrunas valiéndose del canibalismo. En este contexto, resulta mucho más realista Pulgarcito en la versión de Perrault, que es más antigua, y redactada también en una época sin tapujos ni censuras previas. Este protagonista, el más pequeño de los hermanos, se salva en varias ocasiones de ser abandonado en el bosque. Su padre, que lamenta tener que abandonarlos, parece dudar entre lo que es moral y lo que se ve obligado a hacer. Hay, en fin, todo un conflicto reflejado, el de cierta clase social de campesinos pobres, cuyas condiciones de vida no desaparecieron de Europa, en realidad, hasta el siglo XX.

Pero no nos engañemos al pensar que Perrault o los Hermanos Grimm escribían para los protagonistas de las historias en que se inspiraban. En ambos casos la educación universal era algo utópico, por lo que sus lectores iban a pertenecer a una clase acomodada. Solo los hijos de los pudientes, aunque no fueran ricos, podían permitirse leer y escribir. Hansel, Gretel o Pulgarcito habrían empezado a trabajar desde muy niños, y desde luego no hubieran sabido jamás qué cosa era un libro, salvo tal vez la Biblia del sacerdote en la iglesia de su poblado. Nuestra sociedad ha cambiado felizmente en este sentido, pues incluso los más pobres y con mayores problemas en casa pueden tener, en los países occidentales, acceso a la educación. Con todos los peros que podamos ponerle. Lo que ha desaparecido, sin embargo, es el ánimo de reflejar sus situaciones en la literatura infantil. Situaciones límite como las que viven los niños que leen el libro de Youth Ambassadors no pueden encontrarse en la LIJ actual. Y aquí tenemos a la serpiente que se muerde la cola. Los editores se horrorizan ante la posibilidad de historias como éstas, incluso si acaban tan felizmente como en los cuentos de los Grimm. Los autores, sabedores de esta realidad, censuran su creatividad para no presentar conflicto alguno en sus obras. Los padres son reticentes a que sus hijos se enfrenten a nada que les entristezca, y es difícil encontrar el equilibrio entre un sociedad que quiere convertirlos rápido en consumidores y proyectos de trabajadores, y su natural derecho a ser niños -y por tanto ingenuos- el tiempo que necesiten. Sin duda eso provoca excesos en la educación, a veces cayendo en una excesiva exigencia, y otras en demasiado mimo.

Pero a mi entender la pregunta es otra. En un mundo donde los conflictos de la emigración, el terrorismo, el cambio climático, y la pobreza, parecen ir a tomar control del mundo, ¿por qué protegemos tanto a nuestros hijos del conocimiento de la realidad que los rodea? Si a niños que crecen en el conflicto le ayuda saber que esa realidad existe, ¿no ayudará a los nuestros también el enfrentarla?

A Voyage in the clouds, alta literatura en un libro infantil

La literatura infantil suele ser considerada un arte menor, escasamente tenida en cuenta por los autores de ficción adulta, o relegada al área de los libros de texto. Peor aún, algunos escritores consagrados, considerándola facilona, se lanzan a escribirla, habitualmente con muy pobres resultados. Por eso hoy voy a hablar de un libro álbum, ese formato de libro ilustrado para niños que está dando origen a verdaderas joyas en todo el mundo. Posiblemente, éste sea uno de ellos.

Un viaje por las nubes, la casi verdadera historia del primer viaje en globo entre Inglaterra y Francia
Un viaje por las nubes, la casi verdadera historia del primer viaje en globo entre Inglaterra y Francia

Además de sus cualidades literarias y sus excelentes ilustraciones, lo disfrutarán igual niños y adultos. Este es un aspecto importante y no sé si suficientemente considerado. Son padres y abuelos quienes tienen que leer los cuentos, y es importante que también a ellos les gusten.

Su título llama la atención por la mezcla de francés e inglés, y describe además su contenido, al modo de los viejos libros anteriores al siglo XIX. “A Voyage in the Clouds: The (Mostly) True Story of the First International Flight by Balloon in 1785”. “Un viaje por las nubes: la (mayormente) verdadera historia del primer vuelo internacional en globo de 1785”.

El uso de ambos idiomas en el título no es algo casual, pues la narración nos habla de la colaboración entre un piloto de globos francés, Jean Pierre Blanchard, y un acaudalado caballero estadounidense, John Jeffries. El cual, por cierto, se comporta de modo muy británico: en 1785 tan sólo hacía dos años que Gran Bretaña había reconocido la independencia de su colonia americana.

- ¡Le has negado a la gente mi discurso! - No había tiempo, Doctor. El viento estaba a nuestro favor.
– ¡Le has negado a la gente mi discurso!
– No había tiempo, Doctor. El viento estaba a nuestro favor.

El autor del texto, Matthew Olshan, ha sido capaz de alternar diálogos, narración larga, narración corta, información, chistes y carácter de los personajes, todo en uno. Con el hilo conductor de una rivalidad permanente entre ambos protagonistas, muy interesados en demostrar la superioridad de su nacionalidad frente al contrario. Es uno de los aspectos más divertidos del libro, resueltos con gran pericia literaria. Sobre el Canal de La Mancha, saludan a un barco al que desean buen viaje a través del Canal (así lo llama John, caballero inglés) o de La Manche (como lo denomina Jean Pierre, piloto francés). En el despegue, Jean Pierre alza el vuelo antes de tiempo para ahorrar a los espectadores el largo discurso que trae escrito su compañero John. Y antes de todo eso, las discusiones son frecuentes en cuanto a las disposiciones tomadas para el viaje en globo. El inglés recuerda que la expedición es posible gracias a su dinero, mientras el francés le recuerda que sin su experiencia como piloto no podrían llevarla a cabo.

Todo esto hace muy amena la narración, que tiene su crescendo cuando el globo comienza a perder gas. Obligados a tirar cuanto llevan en la barquilla, ambos caballeros han de desprenderse de todo cuanto llevan encima. Y aquí es donde hay que hablar de las ilustraciones realizadas por Sophie Blackall. Especialmente de aquella en que ambos protagonistas, vueltos de espaldas al lector, y el uno al otro, dudan si quitarse la única prenda que todavía les cubre… sus partes íntimas.

Amigos para siempre. Y sus inseparables perros, también.
Amigos para siempre. Y sus inseparables perros, también.

Sin duda este libro es una de esas muestras de cómo texto e ilustración deben coordinarse para alumbrar un buen libro álbum. Pero además Blackall ha aportado, de manera sutil, mucha información sobre la época. El viaje, efectuado en 1785, respeta en las ilustraciones vestuario, interiores de casas, utillaje de los viajeros, y un sinnúmero de detalles que forman, por sí mismos, una completa información sobre el final del siglo XVIII en Europa.

En suma, es un magnífico libro informativo, con gran calidad literaria, que aúna, además, narración e información. Puede leerse como ficción o como libro informativo. Y su final manda además un mensaje sobre el modo de abandonar las diferencias, y encontrar la amistad, superando juntos las dificultades. Aventuro que no tardaremos en verlo publicado en español, tanto en España como en Latinoamérica. Mientras tanto, el New York Times lo ha incluido como uno de los mejores libros informativos del año 2016. Fue publicado en octubre por la editorial Farrar, Straus, Giroux, del grupo McMillan. En su versión original es también un buen manual para enseñar el idioma a los niños.

El contenido histórico del álbum es también muy interesante. El piloto francés, Jean Pierre Blanchard, fue un verdadero entusiasta del vuelo. Hizo demostraciones con sus globos por toda Europa, y realizó viajes que constituyeron auténticas hazañas en su época. Tanto es así, que el presidente de los Estados Unidos, George Washington, presenció personalmente uno de sus vuelos. Su final fue trágico, pero consecuente con su pasión. En 1808 tuvo un paro cardíaco mientras viajaba a bordo de su globo, cayendo de la barquilla, y muriendo. Pero su mujer se había contagiado ya de ese amor por la aeronaútica, y continuó con su trabajo, realizando otros sesenta ascensos tras su fallecimiento. Siendo así una de las primeras mujeres piloto de la historia. Lamentablemente, tuvo la desafortunada idea de lanzar fuegos artificiales desde su globo, provocando un accidente que acabó con su vida.

Detalles informativos para generar preguntas.
Detalles informativos para generar preguntas.

En cuanto al caballero estadounidense que protagoniza este viaje en globo, fue médico, científico, y cirujano militar. Su interés en el vuelo estuvo asociado a la meteorología, en la que fue pionero. Sus mediciones, realizadas un año antes al viaje del que trata el libro álbum, fueron hechas en 1784, sobre Londres. Y subió en globo específicamente para el estudio científico del aire a altitudes elevadas. Cabe decir que hoy las altas y bajas presiones en la atmósfera constituyen la base del modelo de predicción climática. Por todo ello el National Weatherperson´s Day (Día Nacional de los Meteorólogos, celebrado en EEUU el 5 de febrero) fue creado en su honor, para honrar la labor de los meteorólogos de ese país.

PD y declaración de independencia: Ni la editorial McMillan, ni su asociada Farrar, Straus, Giroux, y tampoco los autores del libro tienen relación alguna conmigo. No me han pagado, seducido ni sobornado para hablar bien de ellos. Me gusta leer, y compartir mis descubrimientos. Este es uno de ellos.

Sobre las ilustraciones: la mayoría de imágenes que incluyo del interior están recortadas para respetar los derechos de los autores, y las limitaciones que impone el copyrigth. Su difusión está hecha con el único propósito de dar a conocer el contenido del álbum.

La carta de Roald Dahl a favor de las vacunas

La carta de Roald Dahl a favor de las vacunas

Si alguien ha tenido hijos y no conoce a Roald Dahl, es hora de ir a las librerías y bibliotecas, e incluso hacerse con las películas que han adaptado sus obras. Si no ha tenido hijos y no lo ha leído nunca, también. Porque Dahl es mucho más que un autor de literatura infantil, es además un gran transgresor, que supo aportar al género crueldad, maldad, gamberrismo y altura intelectual. Todo lo que apasiona a los jóvenes lectores, y que exigen los adultos. Puede que haya quien haya visto “Charlie y la fábrica de chocolate” de Tim Burton, la “Matilda” dirigida por un inesperado Dany DeVito,  o “Mi amigo el gigante” de Steven Spielberg, sin caer en la cuenta de lo que tienen en común: un mismo autor.

Oilivia Dahl y la defensa de las vacunas por Roal Dahl
Roald Dahl con su familia. Olivia, la primera por la derecha, con el perrito.

Pero hoy quiero hablar de algo mucho más triste que la literatura, y es la muerte de su hija Olivia por una enfermedad hoy tan aparentemente banal como la rubeola. Murió a causa de ella, con sólo 7 años, en 1962. El autor escribió su carta en 1984, porque aunque a algunos les pueda parecer una moderna corriente a la que sumarse, ya existía por entonces el movimiento en contra de la vacunación. Es a sus defensores a quien Dahl habla, y he querido traducir aquí sus palabras, porque creo que los escritores no sólo hacen literatura en sus obras. Y a veces merece la pena leer lo que escribieron fuera de sus libros.

“Olivia, mi hija mayor, cogió la rubeola cuando tenía siete años. La enfermedad cursó según sus síntomas habituales, por lo que me dediqué a leerle en la cama, sin alarmarme demasiado. Entonces una mañana, cuando ella parecía estar ya recuperándose, me senté en su cama para enseñarle cómo hacer animales con limpiapipas de colores, y cuando la animé a hacer uno por ella misma, me di cuenta de que sus dedos y su mente no trabajaban coordinadamente, y que ella no podía ya hacer nada.

– ¿Te encuentras bien?-, la pregunté.

– Tengo sueño”-, me dijo.

En una hora entró en estado de inconsciencia. En las siguientes doce horas estaba muerta.

Foto de Olivia Dahl antes de su enfermedad y muerte
Foto de Olivia Dahl antes de su enfermedad y muerte

La rubeola había evolucionado a una variante terrible llamada rubeola encefálica, y no hubo nada que los médicos pudieran hacer para salvarla. Esto sucedió hace veinticuatro años, en 1962, pero incluso hoy, si un niño contagiado de rubeola evoluciona como Olivia, sigue sin haber nada que los médicos puedan hacer por él.

Por otra parte, hoy hay algo con lo que los padres pueden asegurarse que semejante tragedia no les suceda a sus hijos. Pueden insistir en que sus niños sean inmunizados contra la rubeola. Yo no pude hacer tal cosa por Olivia en 1962, porque por aquellos días no se había descubierto una vacuna contra la rubeola. Hoy existe una vacuna segura y disponible para cualquier familia, y lo único que tienen que hacer es pedir a su médico que se la administre.

Todavía no se ha admitido universalmente que la rubeola puede ser una enfermedad peligrosa. Créanme, lo es. En mi opinión los padres que reúsan inmunizar a sus hijos están poniendo en riesgo sus vidas. En América (EEUU), donde la inmunización contra la rubeola es universal, lo mismo la rubeola que la viruela se han, virtualmente, erradicado.

Aquí en Gran Bretaña, a causa de que tantos padres rechacen, lo mismo por ignorancia que por miedo, inmunizar a sus hijos, tenemos miles de casos de rubeola cada año. Además de eso, diez mil sufrirán efectos colaterales debido a ella, de un tipo u otro. Al menos diez mil desarrollarán infecciones pulmonares. Y alrededor de 20.000 morirán.

Dejemos que esta idea penetre en la gente.

Cada año mueren veinte mil niños en Gran Bretaña por rubeola.

Asi que, ¿cuáles son los riesgos que corren sus hijos al ser inmunizados? No hay tales riesgos. Escuchen esto. En un distrito de 300.000 habitantes, habrá sólo un niño cada 250 años que padezca efectos secundarios debido a la vacuna contra la rubeola. Es una posibilidad entre un millón. Deberían considerar si es más posible que sus hijos mueran atragantados con una onza de chocolate antes que se pongan gravemente enfermo por la inmunización contra la rubeola. Así que, ¿de qué se preocupan? Es casi un crimen no vacunar a sus hijos. El momento ideal para hacerlo es a los trece meses, pero nunca es demasiado tarde. Todos los niños escolarizados que aún no hayan sido vacunados contra la rubeola deberían rogar a sus padres que los inmunicen lo antes posible.

El gigante bonachón (The BFG) ilustrado por Quentin Blake
El gigante bonachón (The BFG) ilustrado por Quentin Blake

Accidentalmente dediqué dos de mis libros a Olivia, el primero fue “James y el melocotón gigante”. Fue cuando aún estaba viva. El segundo fue “El gigante bonachón”, dedicado a su memoria después de que hubiera muerto por rubeola. Usted verá su nombre al inicio de cada uno de estos libros. Y yo sé cómo de feliz sería ella si sólo pudiera saber que su muerte ayudó a salvar de la enfermedad y la muerte a otros niños.

(La carta original en inglés aquí)

Es casi obligado mencionar la base científica que llevó a Louis Pasteur a descubrir la efectividad de inocular pequeñas cantidades de bacilos en el ser humano, lo que llamamos vacunación. No es otra que cuando superamos una enfermedad contagiosa nos inmunizamos contra ella, porque nuestro sistema defensivo aprende a reconocer sus agentes infecciosos. Nuestras abuelas y bisabuelas ponían a sus hijos a dormir juntos, para que los hermanos pasaran de una sola vez el sarampión, o la varicela, y en general todas esas enfermedades de los niños, de las que hoy se inmunizan con las vacunas. No eran unas madres con cultura científica, y en muchos casos incluso apenas sabían leer o escribir, o directamente no sabían. Pero se comportaban de forma mas científica que algunos de quienes hoy viven en la sociedad de la información. Eso debería hacer reflexionar a algunos. Eso, y pensar cuánto no hubiera dado Roald Dahl por una cura para su hija Olivia.