Gloria Fuertes, gran poetisa de adultos

Soy como esa isla que ignorada
late acunada por árboles jugosos,
en el centro de un mar
que no me entiende,
rodeada de nada,
-sola sólo-.

Tres edades, juventud tras la Guerra Civil, años cincuenta en Madrid, y consagración en la década de 1970.

No hay motivo alguno para leer poesía, y menos aún para que la autora de los versos sea Gloria Fuertes. Toda una generación, y tal vez varias, la vieron hace varias décadas como la poetisa vieja y vestida de hombre que hacía versos para niños. Esa producción del suya eclipsó todo lo demás, y no hay que preguntarse porqué. Lo que hay que saber es que Gloria fue pobre, y que después de haber corrido a los refugios antiaéreos de Madrid, para sobrevivir a los bombardeos, tuvo la determinación de escribir poemas, y de elevarse a sí misma, lesbiana y escritora, en la España franquista. ¿Qué hay en los poemas que desconocemos de ella? Contarlo es el motivo de mi artículo, así como dar al lector una oportunidad de hojear rápido sus versos. Hago esto porque en ella puede paladearse lo mismo el sabor a desesperación en un país vencido y pequeño -eso fue lo que dejó la Guerra Civil-, la altura mística, pero sin alas, de San Juan de la Cruz, y la sonrisa irónica de quien envejece para ver que la vida no va a devolverle nada, y tampoco a darle lo más mínimo, por mucho que le entregue. Así es para todos, pero cuando una poetisa lo atrapa con palabras, hay que leerla. De otro modo nos perdemos algo bueno de la existencia. Y para lo breve que es, ya es pena.

Antología y poemas del suburbio

Todos los míos han muerto
y estoy más sola que yo misma.

El suburbio es una palabra abandonada por la creída clase media española, pero quien mas, quien menos, ha crecido en un barrio humilde, y por tanto, en un suburbio. En esta primera colección nos habla de la realidades cotidianas vertidas a la poesía, y esa fue la característica de la Generación de los 50. Una radical modernización de lo que hasta el momento había sido palabra bella, como la entendió la Generación del 27, y que llevaba al extremo la voluntad de arrastrar por el suelo los versos. Alberti, profundamente comunista, quiso también dar al pueblo una poesía fácil, pero siempre dirigida y al objeto de educar, o de lucirse. Gloria Fuertes no lo hace así, sino que cuenta la realidad que la rodea, con el profundo pesar de quien ve, y comprende.

¿Que no soy mística porque canto el suburbio?
(…)
Yo no puedo pararme en la flor,
me paro en los hombres que lloran al sol.
Nadie sabe lo lírico que es
un mendigo que pide de pie.

En los diarios vienen circulares,
papeles hay pegados en la esquina
que prohíben comer pájaros fritos
¡y no prohíben comer hombres asados,
con dientes de metralla comer hombres desnudos!

La Luisa anda enredada con el Pepe.
Tere la castañera escupe raro
y su hijo el botones se hace golfo,
por lo demás aquí no pasa nada.

Setenta años es mucho,
muero viejo, cansado de trabajar,
dieciséis horas últimamente,
y no he ganado en toda mi vida
lo que gana un jugador en una tarde
dando patadas a un balón.
Por este bienestar, y esta armonía,
que me sube del pie a la garganta
sé que muero, (…)
ya no te despertará mi tos de madrugada (…)
mujer, hazte cargo, no es motivo que llores por tan poca cosa.

Aconsejo beber hielo

Déjate de canciones esta noche,
es mejor que apaguemos la luz y encendamos la lumbre.

Parece que Gloria Fuertes se hastía de tanta miseria como narra en el suburbio, y que prefiere mirarse adentro. Hay poemas donde explica cómo le nace el amor, cómo se cansa, cómo percibe su propia vida como extraña, porque no quiere casarse, ser madre ni tener un futuro, sino escribir aunque cene sopas de ajo y se vista en los saldos. Es importante para comprender su obra saber que literatura infantil y adulta se alternó siempre en su creación. Podemos comprobar que en el poema “El del pez” vemos asomar ya el verso rítmico y la narración intrascendente de sus composiciones para niños. Aunque esconda, como si la censura la hubiera corregido, una metáfora sobre su propio corazón y sus ansias. Luego, intermitente, vuelve al amor y a los pobres, no porque quiera mirar precisamente la miseria, sino porque la rodea en el barrio en el que vive. Hay, sin embargo, una capacidad para la sonrisa, que es con la que cierra este volumen, y que anticipa lo que ella será plenamente, con el poema Mi vecino.

Esto era un pez
sin orejas ni piel
– como una rosa
con espinas y sed-.
Era un pez ancho
que nació anteayer
y no tenía agua
donde poder
vivir lo que le dieron
de vida y de ser.

A veces me sucede que no me pasa nada,
ni sangre ni saliva se mueve en mis canutos;
la mente se me para y el beso se me enquista
y a siglos con pelusa me saben los minutos.

Cuando estamos ahogados de ceniza
y nos crujen los huesos de la espalda
y nos riñen los jefes sin mirarnos.
Cuando estamos dispuestos para todo
y hacemos letanía del suicidio.
Vemos, que el silencio ha bajado,
que nos tienden un cable (…)

Mi vecino

El albañil llegó de su jornada
con su jornal enclenque y con sus puntos.
Bajaron a una tienda a por harina,
hicieron unas gachas con tocino,
pusiéronlo a enfriar en la ventana,
la cazuela se cayó al patio.
El obrero tosió:
– Como Gloria se entere,
esta noche cenamos Poesía-.

La poetisa en su etapa como becaria en Estados Unidos

Todo asusta

Asusta querer mucho y que te quieran (…)
asusta ser feliz, asusta el fuego,
sobrecoge la paz, se teme algo,
asusta todo trigo, todo pobre,
lo mejor, no sentarse en una silla.

No hay broma, aunque esté, sino profundidad en el poema Todo asusta que abre el volumen. Y aquí reside una de las razones para leer a Gloria Fuertes, el que, como ella dijo, escribo bajo para que me entendáis bien. Alcanza realmente a tocar lo humano con sus versos a partir de esta obra, con una gran madurez de estilo y temas. Hay en este caso que reproducir versos sueltos, verdaderas perlas, que podrían escribirse en todo tiempo. No olvidemos que Gloria está atada al tiempo en que escribe, y que incluso cuando se mira adentro nos narra la España en que vive, sin citarla. En Todo asusta hay ya la confrontación con una Dictadura que impone su miedo y su dureza, y que no deja ver más horizonte que, una y otra vez, lo mismo.

Cambiamos de gobierno y nada se mejora.

Le fuimos suicidando poco a poco,
y era buena persona.

Tener un hijo hoy,
para echarle en la boca del cañón,
abandonarle en la puerta del Dolor,
tirarle al agua de la confusión.

Miedo da a veces coger la pluma y ponerse a escribir,
miedo da tener miedo a tener miedo,
yo por ejemplo que nunca temí nada (…)

Dan pena los mendigos,
los mendigos de letras,
los mendigos de duda,
los mendigos de ciencia,
esos sí que dan pena.

No te acongojes hombre,
que todo, nada dura.
Cuando llegue ese día,
el de mayor sosiego, (…)
siempre habrá un árbol
que nos ofrezca amable cuatro tablas;
por pobre que seas; que hayas sido,
al final se te dará palmo de tierra (…)
y podrás disponer de aquellas flores,
que a otros muertos les lleven su familia.

Es obligatorio silenciar que hay tumultos
porque pueden echarte del trabajo,
y si cantas verdades la celda te preparan,
te preparan para el llanto, porque es obligatorio…
sufrir siendo persona.

Ni tiro, ni veneno, ni navaja

Ni tiro ni veneno ni navaja,
teniendo que tener un amor vivo
del cielo no me baja la mortaja. (…)
La vida es un maldito sube y baja
un baja y sube que destrenza paces,
y sólo haces bien si el amor haces.

Hay una vuelta atrás y un ir adelante en este libro de poemas, porque encontramos todo lo que ya había en los anteriores, miradas lúcidas, canto al amor sin lirismo, y contemplación triste de cuanto nos rodea. El lenguaje se complica, para lo que ella es, y alcanza así mayor altura, más vuelo. Significativo al respecto es el modo en cómo narra el modo en que nacemos, saliendo del vientre de la madre:

Esta primera puerta que cruzamos
pintada está de rojo.
Por honda herida salimos
de las profundidades de una cueva,
donde el amor el asco o la costumbre
de dos obreros tristes nos fabrican
en una agotadora jornada de segundos;

Nací para poeta o para muerto
escogí lo difícil (…)
Nací para puta o payaso
escogí lo difícil
– hacer reír a los clientes deshauciados- (…)

Poeta de guardia

Maletilla de las letras
por los caminos de España;
sin hacer auto-stop a los catedráticos,
ni a los coches oficiales
ni a las revistas que pagan…
– sólo a los camioneros y a las tascas -;

Uno puede leer a los poetas del Siglo de Oro español, y no solo su poesía, sino las obras de teatro, y también, porqué no, las novelas -Lope de Vega las tiene interesantes-, y hallarse en su presencia con “Poeta de guardia”. No sé si fue lo mejor que escribió Gloria Fuertes, pero pienso que en la España de posguerra qué otra cosa pudo leer sino los clásicos -como tantos poetas españoles-. Y qué bien supo impregnarse de lo profundamente español para verterlo. Un poemario magistral, de hondas reflexiones, lúcida visión y madurez estilística. Lleno de verdades como puños dichas así, a su estilo en el que parece estar comentando lo que pasa sin darse ni un átomo de importancia. Y dejándote, cuando lo piensas, medio derruido al lado del bordillo.

Homenaje de Google en el 99 aniversario de su nacimiento.

Esto sí, a mitad de él se vuelca en los poemas de amor. La maestría sigue allí, con más pasión y profundidad de las que había alcanzado nunca. Hay además en esta etapa de su biografía un antes y un después, porque entrará por primera vez en una universidad -norteamericana- para dar clase. Además de hallar al amor de su vida, la hispanista Phyllis Turnbull. Singularmente las palabras en inglés se cuelan en algunos de sus poemas, haciéndolos así bilingües. No es tanto un capricho o un esnobismo, sino la intuición de escritora acerca de que una verdadera traducción es imposible. También hay una mirada a la ciencia, y al mundo, un salirse de España. Usa la teoría de la evolución y el tiempo del ser humano sobre la Tierra para demostrar lo poco que somos, y asegura que “Ya no tienen quietud ni las estrellas” en relación al primer astronauta ruso que llega al espacio.

Sale caro, señores, ser poeta. (…)
Trabajo como esclavo llego a casa,
me siento ante la mesa sin cocina,
me pongo a meditar lo que sucede.
La duda me acribilla, todo espanta;
comienzo a ser comida por las sombras
las horas se me pasan sin bostezo
el dormir se me asusta se me huye
– escribiendo me da la madrugada-.

Vivir: compás de espera,
si esperas algo bueno es esperanza,
si esperas algo malo tienes miedo,
el miedo y la esperanza se barajan;
aunque te haya tocado el caballo de la muerte,
en este juego a cartas que es la vida
gana el que más sonrisas ponga sobre el tapete.

¿A qué viene ese orgullo?
¿Tú sabes que vienes de las algas?
Hace falta valor para ir al cine,
habiendo tanto que ver por las esquinas (…)

Vivimos de la muerte.
Morimos de la vida.
Tenemos un padrastro,
tenemos una herida.
Tenemos la verbena
tenemos cataclismos,
y nunca somos dueños
ni de nosotros mismos.

Existe eso que huye
lo que cuesta trabajo
lo que puede comprarse sólo con mil lágrimas seguidas,
lo que te dice No, si preguntas si existe,
eso existe.

Cuando te nombran
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira
que media docena de letras digan tanto.

¿Para qué a estas alturas preocuparme,
– escribir en revistas, hojas muertas o libros? (…)
Escribir sobre tu cuerpo
con los dedos mojados en el vino.

Aprendí en el Dolor – ¡vaya cartilla!-,
luego sólo dos libros he estudiado,
el corazón que tengo en este lado,
y el helado folleto de la mente.

Haga el favor de darme una chaqueta,
comida o pantalón no tengo nada.
Si tiene usted mi pie unos zapatos.
Soy sordomudo y solo y casi viejo. (…)
Miradme.
No puedo hablar,
soy sordomudo de verdad.
(Devuélvame el papel no tengo copia)

La poetisa Gloria Fuertes en su mesa de trabajo

Cómo atar los bigotes del tigre

Hay un antes y un después en la Gloria Fuertes que acude a enseñar a Estados Unidos, y que regresa de allí para seguir aquí su trayectoria de maestra, enseñando español a norteamericanos en el Instituto Internacional. Los premios se suceden, y con Poeta de Guardia publicado, ya en 1972 puede dedicarse por entero a la literatura. Es un éxito personal como escritora acompañado de una gran tragedia como persona. Un año antes muere el amor de su vida, Phyllis Turnbull. Y si su imagen pública, y aquello por lo que será más conocida, la literatura infantil, parece un continuo juego, en su poesía cala una hondura, anunciada ya, que la consagra definitivamente como referente literario en español. El poema “Nada de suicidarse”, con su último verso “¡Que las larvas esperen por ahora!, refleja a la vez su amargura, y su voluntad de seguir adelante. A la par, el lenguaje fluye, mirando adentro y hacia fuera, asiendo además lo profundamente humano, y por tanto, lo poético.

Por ella entra y sale la fulana de la angustia…
… La dejé entrar en casa,
y me pidió quedarse,
(…)
La zorra de la angustia
anoche llegó mala…
¿Y cómo voy a echarla
su me vino preñada de esperanza?

(…) te acuestas SOLO en el colchón de clavos
que es la temible ausencia.

Cuando aquí da el horror la media noche,
(…) siete letras por tu nombre -se me clavan-, (…)

– Ahí va Gloria la vaga.
– Ahí va la loca de los versos, dicen,
la que nunca hace nada.

CIUDAD -fin de jornada-.
Tanto vivo en el metro va de cuerpo presente
con los ojos cerrados de cansancio o de sueño;
los escupe la boca del suburbano,
y caminan… caminan…
sin mirar que atardece,
que el cielo está bonito.

He dormido en el andén del metro
– por miedo al despellejo de metralla-
(…) y la noche después de los deshaucios (…)
dormía entre estropajos y asperones
en la tienda del tío cacharrero.
(…) Y a pesar de estos golpes de fortuna
ya veréis porqué tengo buen talante:
he dormido a las penas una a una,
y he dormido en el pecho de mi amante.

(Sobre la bomba atómica)
¡Asco!
Petrifica cunas.
Fundiendo cuerpos bramas
con tu voltaje devorador.
¡Maldita sí maldita bomba de nuevo tipo
y por siempre maldita tu raza y tu historia!

Sola en la sala

Este título continúa al anterior, y es para mi gusto el mejor de su obra, por lo que significa. Quien lo escribe es una poetisa consagrada, que ya no ha de temer la pobreza ni que un humilde trabajo la separe de su vocación de hacer versos. Lejos de envanecerse, la lucidez de su mirada sobre el mundo es absoluta. “Parece que tengo de todo / pero al bajar del Rolls / me pisé los harapos / de cuando era triste.” Puede ser capaz, con la mínima expresión, de dar mucho en cada verso, y los juegos reservados a la literatura infantil tienen algo de la greguería de Ramón Gómez de la Serna, pero llevada a lo serio. “Se bebe para olvidar una cosa / y se olvida todo menos esa cosa.”

Ojo con los seres observantes

Inútiles esponjas que nunca valen
para limpiar la herida.
Observantes
de sucio guante
o de la caraduría
o de la cara corbata
o del nuevo tumor.
Especialista en “joles” de hospitales
en pésames
en duelos
los que nunca te llaman cuando cuelgas un cuadro en un museo.

Lápida en la tumba de Gloria Fuertes. Fuente: Fundación Gloria Fuertes.

Entrégate al dolor hasta que se harte.
Concéntrate en él
y en el que todo nada dura;
y no hagas aspavientos.
Así el dolor se enfriará asqueado
ante tu indiferente misticismo.

A los hombres que ríen con tristeza

A los hombres que ríen con tristeza,
a los otros alegres que sollozan,
a los presos con vocación de santo,
a las putas que iban para monjas,
a los ricos que nacieron nada
y a los gusanos con motora,
dedico
mi vasito de leche
y a dormir…

Se llamaba Gloria Fuertes García. Su obra ha sido estudiada por hispanistas norteamericanos, principalmente. La han dedicado doodles en Google, y hasta en las líneas aéreas escandinavas han bautizado aviones con su efigie. Por su obra poética debiera figurar con derecho, y como una más, entre los poetas de la Generación del 50. Por su desarrollo de la literatura infantil, como pionera de un género que sigue considerándose menor, pero que vive hoy el mayor de los auges. Qué vamos a hacerle, Gloria. Nadie es profeta en la tierra de España, menos aún si en ella nace. Bien lo sabes tú desde tu cielo. Qué orgullosa irás, por los aires, en la cola de un avión que escupe humo.

Imagen de Gloria Fuertes en el avión de Scandinavian Airlines