El nacimiento del terror Gore

Londres, 1594. Sobre los escenarios del Theatre, uno de los miembros más jóvenes de la compañía llamada The Queen´s Men se encarga de repartir por el escenario vísceras de animales, y sangre fresca. Aparecen cabezas humanas cortadas, recreadas con piel de cerdo, así como pies y manos que son cercenados a los actores en escena. Gracias a este artesano, los asesinatos que se suceden en el argumento, así como las mutilaciones, son veraces actos de violencia. Que el público acoge con un rugido de entusiasmo.

La actriz Flora Spencer-Longhurst en el papel de Lavinia. La representación llevada a cabo en 2006 en The Globe, el teatro original de la compañía de Shakespeare -su copia reconstruida- fue la más cercana a cómo vieron Tito Andrónico los espectadores isabelinos.
La actriz Flora Spencer-Longhurst en el papel de Lavinia. La representación llevada a cabo en 2006 en The Globe, el teatro original de la compañía de Shakespeare -su copia reconstruida- fue la más cercana a cómo vieron Tito Andrónico los espectadores isabelinos.

Acaba de estrenarse Tito Andrónico, la obra de un todavía segundón llamado William Shakespeare, que intenta emular al gran autor de la escena londinense, Christopher Marlowe. Sin saberlo, la literatura anglosajona asiste al origen del género de terror y el gore. Y si nos asusta acercarnos a un clásico de la Literatura, consideremos dos datos. Ningún hombre culto del tiempo de Shakespeare hubiera dicho que su teatro era literatura. Y la más importante biblioteca para el idioma inglés, la Boodleian de Oxford, fundada entonces, rechazaba tener semejante produción de baja estofa en su catálogo. Shakespeare escribía para el vulgo, y sólo unas traducciones demasiado fieles al inglés isabelino pueden empañar lo accesible que resulta, todavía hoy, esta primera obra de terror teatral.

El bardo inglés era, por encima de todo, un hombre de negocios atento a satisfacer los gustos del público. En el momento que se estrena Tito Andrónico Londres sigue deleitándose con los ecos de Tamerlán el Grande, de Marlowe. Esta obra había mostrado por primera vez y sin pudor una violencia extrema, en verso libre. Shakespeare se pone manos a la obra para superarla, cosa que consigue de largo.

Aprovechando la estructura de poder legada por Gengis Khan, Tamerlán el cojo fue el último de los emperadores nómadas. Creador de un enorme imperio en torno al actual Uzbekistán. En este iluminado vemos cómo ordena a sus generales la campaña militar contra Georgia, actual Rusia. Marlowe se inspiró en su vida para la primera obra teatral violenta y gore del teatro isabelino.
Aprovechando la estructura de poder legada por Gengis Khan, Tamerlán el cojo fue el último de los emperadores nómadas. Creador de un enorme imperio en torno al actual Uzbekistán. En este iluminado vemos cómo ordena a sus generales la campaña militar contra Georgia, actual Rusia. Marlowe se inspiró en su vida para la primera obra teatral violenta y gore del teatro isabelino.

Unas pocas frases de Tito Andrónico pueden ilustrarnos en ese aspecto: “un arroyo carmesí de sangre humeante, (…) sale y desciende de entre tus labios de rosa” -de Tito a su hija Lavinia-; “así es como un cochinillo chilla cuando se le prepara para asarle” -de un asesino a su víctima, que grita asustada-; “los dos están aquí, cocidos en este pastel, del que su madre ha comido con tanto deleite” -de Tito a Tamora después de una cena en que les ha servido a sus hijos, cocinados.

Las modernas puesta en escena de Tito Andrónico, como esta de Michael Feinmann en 2013 reflejan la crudeza de la obra original. Fuente: Elliot Frank Photography http://elliottfranks.photoshelter.com
Las modernas puesta en escena de Tito Andrónico, como esta de Michael Feinmann en 2013 reflejan la crudeza de la obra original. Fuente: Elliot Frank Photography http://elliottfranks.photoshelter.com

El brutal argumento puede dividirse en tres partes argumentales. En la primera el general romano que da nombre a la tragedia regresa triunfal de su guerra contra los godos. Trae prisioneros a la reina goda Tamora y a sus hijos. Y para celebrar su victoria, y librarse del pesar que le acarrea que su propio hijo muriera en batalla, ordena un sacrificio humano. El primogénito de Tamora es atado a una pila de troncos, y le son cortadas manos y pies para mejor alimentar el fuego de la hoguera.

La segunda parte es el ascenso de Tamora, que es casada con el emperador romano, y por tanto convertida en emperatriz. Valiéndose de su poder, y para vengarse de Tito, ordena a sus hijos supervivientes que rapten a Lavinia, hija del general. Después de violarla repetidamente y en grupo, le cortan manos y lengua para que no pueda delatarles. Tito para el duro trago de encontrar a su hija así mutilada, e inmediatamente es informado de que el resto de sus hijos han sido hecho prisioneros por el emperador, acusados de traición. Un sirviente trae el falso mensaje de que si Tito se corta la mano y la envía a palacio, se les perdonará la vida. Pero justo en el instante en que acaba de cercernársela recibe el mensaje de que acaban de ser ejecutados.

Este cartel del estreno en 2009 en Madrid refleja bien uno de los aspectos más horribles de la obra, el canibalismo.
Este cartel del estreno en 2009 en Madrid refleja bien uno de los aspectos más horribles de la obra, el canibalismo.

La tercera y última parte es la venganza de Tito. Huído a Germania, regresa para hundir a Tamora y al emperador. Captura a los hijos de ella, y tras matarlos los cocina, literalmente, en un pastel de carne, que sirve a la madre y a su esposo emperador en una cena en su villa. La descripción de esa cocina caníbal es tan vívida, que en una parte del texto parece esconderse, por cómo prepara la sangre de los hijos de Tamora, la receta de la morcilla. La madre se chupa los dedos con los suculentos manjares de Tito. Y es en medio de sus alabanzas cuando el general la informa sobre qué ha comido en realidad.

La escena final es muy acorde a las tragedias de Shakespeare, porque se suceden las muertes y asesinatos. Tito nos revela además que en el fondo su carácter es tan monstruoso como el del resto de personajes. Pero no desvelaré exactamente porqué, para que quien quiera leerla la disfrute.

Todo lo tenebrosa que pueda parecernos la lectura palidece al lado de la capacidad que tuvo en su día el teatro isabelino para representarla. Las compañías tenían su “gore”, ese especialista en efectos especiales al que he aludido al comienzo del artículo. Un habitual de los mercados londinenses, que compraba pequeños animales vivos de los que extraer sangre minutos antes de la representación, y vísceras que dieran más realismo a su labor. Su cargo ha dado nombre, por extensión, al género de literatura y cine sangrientos que todos conocemos actualmente.

En 1594, en el Theatre, podemos imaginar una Lavinia enseñando ambos muñones sangrientos al público, la boca entreabierta y muda manando sangre, que empapa además sus ropas. Muy acorde a la fotografía que ilustra la representación histórica realizada en The Globe en el año 2006. Si además imaginamos el escenario débilmente iluminado por las antorchas, y por la luz de la luna -los teatros isabelinos no estaban cubiertos-, todo se vuelve más realista y tenebroso.

La actual reconstrucción del teatro Globe, del que Shakespeare fue socio, en el que actuó y representó sus obras, es bastante fiel al modelo del original isabelino. El Theatre en que se estrenó Tito Andrónico debió ser muy similar.
La actual reconstrucción del teatro Globe, del que Shakespeare fue socio, en el que actuó y representó sus obras, es bastante fiel al modelo del original isabelino. El Theatre en que se estrenó Tito Andrónico debió ser muy similar.

Tito Andrónico iba a llevar a Shakespeare al éxito. No por la calidad de su obra, o su carácter sanguinario, sino más bien por el azar. Christopher Marlowe, su gran competidor, el llamado a ser nuevo clásico de las letras inglesas, moría ese mismo año en una pelea tabernaria a los 27 años. El bardo, con la lección bien aprendida sobre los gustos de su público, nos regalaría a partir de entonces numerosas tragedias plagadas de muertes, venganzas, conspiraciones y asesinatos. Sus personajes ganarían en grandeza, hasta cotas sublimes como Hamlet o Ricardo III, donde sin efusión de sangre iba a ser capaz de poner los pelos de punta. Pero su tragedia gore quedaba para sembrar, en el futuro, un género que sigue alcanzando hitos en la literatura anglosajona con autores como Clive Barker o Stephen King.

Posible retrato de Shakespeare basado en el "Retrato Chandos". Ilustración realizada por Olga OC http://www.olgaortiz.es para el libro "Shakespeare y Cervantes, diferentes parecidos". http://guadarramistas.com/tienda/diferentes-parecidos-cervantes-y-shakespeare/
Posible retrato de William Shakespeare basado en el “Retrato Chandos”. Ilustración realizada por Olga OC para el libro “Shakespeare y Cervantes, diferentes parecidos“.

A los lectores interesados en abordarla en español hago dos recomendaciones. Primero, evitar, si no están habituados al lenguaje del Siglo de Oro español, la traducción de Luis Astrana Marín. Es sublime, pero dificulta la lectura. Las adaptaciones al español de nuestro tiempo, abundantes, son mucho más asequibles. Después de Tito Andrónico, no volverán a ver a Shakespeare de la misma manera.

Frankestein, el hijo de la Revolución Francesa

Representación de Frankestein en la primera edición del libro de Shelley, en 1817
Representación de Frankestein en la primera edición del libro de Shelley, en 1817

El final de la novela “Frankestein o el moderno Prometeo”, de Mary Shelley, termina con la destrucción. No sólo del monstruo en sí, sino de la idea científica en que se basan los trabajos de su creador, el doctor Victor Frankestein. Pero su comienzo es absolutamente brillante, porque el tesón y el talento de un científico obtienen un logro tan importante como devolver la vida a un muerto. Lo mismo ocurrió, según la opinión de muchos intelectuales de la época, con la Revolución Francesa. Había comenzado con unas propuestas de cambio y mejora en la sociedad brillantes, y terminó en un lamentable, e indiscriminado, baño de sangre.

Uno de los desengañados fue el padre de Mary Shelley, William Godwin, pensador y filósofo. Primero en afirmar que el estado aparentaba preocuparse por nosotros individualmente, pero que en realidad sólo vigilaba las transacciones privadas, para gravarlas con impuestos. Progresista y reaccionario a la vez, propugnaba que los medios de comunicación debían prohibirse, y que los discursos políticos perjudicaban a la sociedad, por basarse en sentimientos, y no en la razón. Sólo la educación de la gente alumbraría un mundo perfecto, y eso exigía un modelo social con mayor igualdad. Miró con simpatía los inicios de la Revolución Francesa, desengañándose cuando el Terror la transformó en un baño de sangre.

Georges Danton, promotor de la Revolución, ministro de justicia y partidario de la ejecución del rey Luis XVI, fue guillotinado durante el Terror.
Georges Danton, promotor de la Revolución, ministro de justicia y partidario de la ejecución del rey Luis XVI, fue guillotinado durante el Terror.

Su hija Mary recibió su pensamiento como influencia, y de manera especial, la preocupación de su padre a raíz de lo que estaba ocurriendo en Francia durante el “Reino del Terror”. Es precisamente en esta etapa, liderada por Robespierre, cuando miles de personas son ejecutadas en la guillotina. Diariamente las plazas se llenan de espectadores que pueden contemplar, en rápida sucesión, decenas de ajusticiamientos. El problema es que los descabezados no son sólo líderes que se opongan a Robespierre o al Terror, sino cualquiera que sea acusado por su vecino de ser contrarrevolucionario. Los juicios son populares, rápidos, y sin garantías.

Tal baño de sangre desengañó a intelectuales como Godwin de que pudiera cambiarse la sociedad mediante la revolución, y a concluir que tal método sólo podía conducir al desorden y la muerte. Además Europa identificó a partir de entonces a los jacobinos con el Terror. De entre los diferentes grupos revolucionarios, éste era defensor ideológico del sistema republicano. Fueron reprimidos por Robespierre, pero en la mentalidad de los contrarrevolucionarios europeos, claramente monárquicos, eran la personificación de todos los males. Unos monstruos no mejores que el propio Frankestein.

Pero si la génesis de la novela como intento de un científico de mejorar el mundo pudo nacer inspirada por Godwin, en realidad sus innovaciones, hoy muy presentes en el género de terror, nacieron gracias al abad Agustin de Barruel. Antiguo jesuita, fue creador de una teoría de la conspiración absolutamente popular en su época. De acuerdo a la misma, los masones y la secta de los illuminati se habían puesto de acuerdo para acabar con el cristianismo. Su vía de acción era la Revolución Francesa, y sus motivaciones, el culto al diablo y la adoración de Satanás.

A Mary Shelley, y a su marido Percy, les fascinó la obra de Barruel, publicada en 1797, con el título “Memoria para servir a la historia del Jacobinismo”. Un verdadero bestseller de su tiempo. Los detalles de la gran conspiración, inventados, basados en rumores, o de fuentes desconocidas, hablaban de reuniones secretas, de acuerdos en callejones oscuros y solitarios, y de personajes tan anónimos como siniestros. Casi parecía más una novela gótica que un ensayo. En la novela de Shelley el robo de cadáveres, el experimento de devolver la vida al monstruo, y numerosos detalles del argumento, parecen tomar como fuente al preocupado abad francés.

Supuesto símbolo de los illuminati, o de los masones, en los billetes actuales de dólar estadounidenses
Supuesto símbolo de los illuminati, o de los masones, en los billetes actuales de dólar estadounidenses. Fuente: Thinglink

Es evidente que ningún libro puede escapar totalmente a su época, y es casi una ironía del destino que Frankestein, novela por excelencia de terror, tuviera parte de su génesis en el Reino del Terror de Robespierre. El monstruo de Shelley acaba con todo lo que ama su creador, su propia obra científica, y las personas a las que quiere. La Revolución Francesa también acaba matando a sus hijos -Robespierre, como otras tantos líderes, muere a manos de revolucionarios descontentos con el Terror-; y el mismo proceso revolucionario termina en Napoleón, que se corona como más que rey, como emperador.

Para aquellos a quienes hayan acometido ganas de releer la obra, debe advertirse que en la actualidad existen tres versiones. La publicada en 1817 es la más dura y descarnada, además de poco conocida. La que se imprimó en 1818 está corregida por Percy Shelley. Y la que universalmente leemos hoy fue reescrita por Mary Shelley en 1831. Para entonces su marido había muerto ahogado. Enterrado en la playa primero, para cumplir con las leyes de la cuarentena, y desenterrado al mes, su cadáver fue quemado a la orilla del mar. El corazón no ardió, y uno de los asistentes al “funeral”, el novelista Edward Trelawney, lo rescató de las cenizas. Para entregarlo después a su esposa Mary Shelley, que lo conservó de por vida, sin separarse jamás de él. Y sin duda reescribiendo las páginas de su Frankestein en presencia de tan macabro recuerdo. Romanticismo en estado puro. O, si se prefiere, puro terror revolucionario.

El aspecto de este corazón momificado de momia es similar al que tendría el de Percy Shelley. Fuente: Revista Española de Cardiología.
El aspecto de este corazón momificado procedente de Egipto es similar al que tendría el de Percy Shelley. Fuente: Revista Española de Cardiología.

Todas las ediciones existentes de “Frankestein o el moderno Prometeo”, en español, aquí.