El último Vostiaco

71b51kf6gul
El último Vostiaco, Diego Marani, Editorial Gadir

Qué es una lengua cuando desaparece. No desde luego la anecdótica forma de comunicación de un grupo humano, sin el cual la humanidad puede sostenerse y sobrevivir. Si así fuera no tendría importancia alguna, a diferencia de si mañana hubiéramos olvidado para siempre cómo se fabrican las penicilinas. Perder un idioma no nos pone en peligro, y sin embargo reduce a nada la interpretación de la vida que un grupo de personas ha desarrollado en un lugar de nuestro planeta.

Es por ello que El último vostiaco, de Diego Marani, uno de los más hermosos libros que he leído jamás, no habla de una lengua rara del norte de Europa, sino de la incapacidad de ciertos seres humanos para comprender el mundo del otro. Nosotros los occidentales hemos desarrollado una sociedad como única verdad, con sus lenguajes oficiales, que debe imponerse -a nuestro juicio- sobre el pobre indígena del Amazonas que jamás ha oído hablar de la medicina, la ciencia o la ropa.

Marani parece haberse inspirado para crear su vostiaco en los pueblos nómadas que aún pueblan Siberia
Marani parece haberse inspirado para crear su vostiaco en los pueblos nómadas que aún pueblan Siberia

Su argumento es de esos que se relegaría al apartado de lo raro, porque nos sumerge en un mundo académico de lingüistas, y no se me ocurre disciplina científica más alejada del vivir cotidiano. Efectivamente, lo que nos presenta Marani es un entorno intelectual plegado hacia sí mismo e hinchado por el ego del conocimiento. Pero magistralmente le opone la corriente de pensamiento de un vostiaco animista. Es decir, de un hombre de tribu, un ser puro que interpreta el mundo conforme a las creencias de su cultura. Y que, como una lección de vida, no se detiene en su viaje, porque interpreta lo mismo la naturaleza y la ciudad como un entorno que hay que traspasar valiéndose de su conocimiento. No importa si lo que le acechan son osos y frío dispuestos a devorarle, o coches y policías incapaces de entenderle.

“- Una lengua que muere es como un hombre que muere. Por desagradable que sea, es un hecho biológico: otras nacen, otras morirán. Como los hombres, las palabras también deben adaptarse para sobrevivir. Las que se gastan, las que se alejan de su significado, están condenadas a desaparecer -.”

El vostiaco vive refugiado en los bosques, después de haber estado años encerrado en una mina soviética, obligado a realizar trabajos forzados. Cuando regresa a su tierra natal, su tribu no está ya allí, y no es capaz de encontrarla. Una lingüista rusa le descubre por azar, percatándose que es el último portador de una lengua desaparecida. Su estructura demuestra una teoría llamada “esquimaloaleutiana”, según la cual en el espacio geográfico que va desde el Báltico a las grandes llanuras de Norteamérica se hablaban lenguas pertenecientes a un mismo tronco. Esta teoría no es parte del argumento de Marani, sino que existe de verdad entre los lingüistas, con defensores y detractores.

“Cuando Ivan se hizo hombre, nadie en la mina sabía quién era aquel indígena nervudo y de baja estatura, de cara aplastada y pómulos salientes como un tártaro. Quien conocía su historia hacía tiempo que había muerto. Los demás tenían miedo de aquel silencio inexplicable que se asemejaba a la locura.”

 

El escritor Diego Marani
El escritor Diego Marani

El problema es que en la novela la existencia del vostiaco es una contrariedad para un famoso profesor y lingüista de Helsinki. Él defiende una teoría, llamada “panugrofinesa”, sobre la superioridad de la cultura finlandesa, origen de los europeos y por tanto los hablantes más antiguos del continente. Los extremos a que va a llegar para defender su tesis, sobre la que ha construido su vida, incluso cuando constata que los hechos la desmienten, lleva el argumento hacia la novela negra. Aunque sólo es un matiz, porque el vostiaco y su corriente interior de conciencia, siempre presente, mantienen el tono poético de la narración. Eso, y el increíble viaje que realiza.

Marani nos depara aún un último descubrimiento cuando finalmente enfrenta a su vostiaco con la sociedad. La música, que ha estado siempre presente en la narración, y que es el lenguaje que él usa para comunicarse con su desaparecida tribu, y con el mundo que le rodea, termina por acercarlo a occidente. En una sala de conciertos, los músicos le llevan al escenario, porque ha respondido al canto de las guitarras eléctricas y los saxos tocando su tambor de piel de animal. Y todos contemplan, admirados, a alguien que no parece pertenecer a su mundo, que no habla su lenguaje, ni lo comprende. Pero que es capaz de comunicarse con la humanidad a través del lenguaje más universal de todos.

“…Iván se puso en pie de un salto. ¡Aquélla era su música! ¡Era el ritmo que los cazadores del Taimir seguían en sus tambores para hacer salir a los osos! … Tiró al suelo el saco, se llevó al pecho el tambor, y él también empezó a tocar la canción del oso enloquecido. … Los músicos abandonaron las partituras y ajustaron sus instrumentos al ritmo endiablado del tambor de Iván, mientras la gente batía palmas entusiasmada creyendo que aquel individuo desgreñado y vestido de pieles fuera otro artista del grupo folclórico estonio Neli Sardelli que aquella noche se exibía con un repertorio único.”

El vostiaco, cuando por fin habla, canta. Y su canto se contagia. Incluso los animales levantan la cabeza en el bosque y los peces se ponen a seguir al barco del que sale esa música.

“Cantaban a voz en grito, sin entender ni una palabra los turistas finlandeses borrachos levantando sus jarras de cerveza … Ninguno de ellos sabía que lo que estaban cantando era el antiguo vostiaco … ni que a miles de kilómetros de distancia … los indios algonquinos de las reservas pronunciaban de la misma manera…”

 

Cuadro "Campesino quemando maleza", de Van Gogh, elegido por la editorial Gadir para ilustrar la portada de la edición española
Cuadro “Campesino quemando maleza”, de Van Gogh, elegido por la editorial Gadir para ilustrar la portada de la edición española

Admiro a Marani, y no únicamente como escritor. Hace años que me declaré adepto de su defensa elegante y universal de la lengua. Porque él insiste en que ningún lenguaje debe conservarse puro, sin mezclarse con el vecino. Pueden decírselo al español, que ha tomado palabras y estructuras del árabe, el francés, el inglés, el incaico y el azteca, y de un sinnúmero de lenguas. Marani parece hablarnos a nosotros, los hispanohablantes, cuando afirma que la pureza lingüística es una invención ideológica de los estados. Aunque, naturalmente, extrapola sus tesis a todo lo humano. Y afirma además que hay que aceptar que algunas lenguas mueren, y que no se las puede proteger “ni con leyes ni con tanques, sino alimentando la cultura y manteniendo viva la sociedad que habla esa lengua”.

Pero quizá la mejor lección de este escritor, fuera de sus libros, sea su opinión sobre el inglés. Lo denomina un medio de comunicación formidable, pues no sólo nos pone en contacto con gran parte del planeta, sino que facilita un lenguaje para el entendimiento universal de todos los seres humanos. “Y lejos de renunciar a su fuerza, cada lengua local debe aprenderlo y domarlo con una actitud activa, no sufriéndolo.”

El Hambre como personaje

La personificación del hambre como necesidad vital en la novela homónima de Knut Hamsun

037-kathe-kollwitz-theredlist.png
Grabado de la artista Käthe Kollowitz

Siempre me interesó el significado secundario de la palabra hambre, en cuanto carencia de lo material que impide la subsistencia. Más éste, que el habitual de estómago vacío, aunque uno y otro vayan asociados. En ese sentido, la novela “Hambre” de Knut Hamsun, es la personificación del ciudadano que vaga por un entorno geográfico sin encontrar salida a sus necesidades materiales. Algo que tiene mucho más que ver con su situación personal que con el mundo que el rodea.

Y esta es la segunda cosa que me fascina de Hambre. El acierto de Knut Hamsun es haber discernido cómo sicológicamente el personaje protagonista no atiende al mundo exterior. No tiene interés para él que haya sido la política, las condiciones de vida, su formación o su suerte, lo que le ha conducido a la necesidad. Porque esta es tan acuciante que sólo le permite sobrevivir, no pensar en circunstancias. En ese sentido, un libro en que el que “no pasa nada” te mantiene de forma permanente agarrado por el cuello. Y ni siquiera te suelta al final.

Nadie diría que esta novela fue escrita en 1890, porque leída hoy, a diferencia de otras de esa fecha, parece rotundamente moderna. Su protagonista, Widel-Jarlsberg, narra en primera persona sus vicisitudes, con altibajos de humor, determinaciones ridículas, y accesos de decisión absurdas. Si fuéramos honestos con de nosotros mismos, reconoceríamos que esto es lo que nos sucede en nuestra vida diaria.

not_detected_235989.jpg
Madre e hijo, de Käthe Kollowitz

El gran acierto, la genialidad de Knut Hamsum, es desvelar que los seres humanos no nos guiamos por la razón sino por los sentimientos. Y eso ocurre tanto para los más prósperos como para los más desfavorecidos. Muchos críticos consideran que el protagonista de Hambre tiene problemas sicológicos, pero yo más bien creo que el escritor acierta al reflejar las oscilaciones de carácter a que pueden dar lugar la extrema necesidad. En su alucinado recorrido por la ciudad en que reside, Widel-Jarlsberg lo mismo entrega ropa y comida a los pobres -aunque él mismo la necesita-, que está a punto de devorar el lápiz con el que escribe.

Hambre es, además, una novela de ambiente profundamente opresivo. El protagonista entra y sale del cuartucho en el que vive, pero la ciudad fuera de él parece circunscribirse a espacios muy concretos. Como si no pudiera caminar o desplazarse, sino más bien hacer traslados de su cuerpo de celda en celda. Este ambiente cerrado se hace mayor porque no hay ni una sola reflexión sobre que las circunstancias políticas, sociales, de cuna o educación hayan influido en su suerte. Aparece alguna vaga referencia, pero siempre es secundaria frente a la necesidad de comer.

 

(…) Todos los días trabajaba mucho, dándome apenas tiempo de tomar mi alimento antes de ponerme a escribir.
Mi lecho, como mi mesilla vacilante, estaban llenos de notas y cuartillas escritas, en las que trabajaba alternativamente. Agregaba a ellas las nuevas ideas que se me ocurrían durante el día, modificaba, daba vida a los puntos muertos con una palabra escogida de aquí o de allá, avanzaba con gran trabajo de frase en frase, a costa de grandes esfuerzos. (…)

El escritor debe describir “el susurro de la sangre, y el deseo que nace de la médula ósea”. Son palabras de Hamsum, cuya obra ha sido reconocida como la que inaugura la literatura sicológica, especialmente con el flujo de conciencia y el monólogo interior. Autores como Thomas Mann, Franz Kafka, Henry Miller, o Herman Hesse reconocieron la influencia ejercida en su obra por Hamsum.

 

Francisco-de-Goya-Nada.-Ello-dir-.JPG
Francisco de Goya, Serie “Desastres de la guerra

Pero Hamsum sigue siendo también ese autor que pasa de mano en mano en susurros. Decidido y firme defensor del nazismo, elogiado por Goebbels, y autor de un elogio de Hitler a su muerte en que le describe como “guerrero de la humanidad y firme defensor del deseo de justicia de todas las naciones”. Él era noruego, y si no añadió “arias” después de naciones fue porque lo daba por hecho. Su país natal ha hecho un enorme esfuerzo por separar al nazi del escritor, pues oscilan entre el orgullo de tener a un genio de las letras y a un auténtico criminal ideológico reunidos en uno. El lector puede estar tranquilo. En Hambre no hay una sola referencia a las ideas del nacionalsocialismo, ni tampoco a sus fuentes. Tampoco son detectables, en mi opinión, en el resto de su obra. Pero aunque así fuera, dejar de leerla sería perderse una narración maestra.

 

El nacimiento del terror Gore

Londres, 1594. Sobre los escenarios del Theatre, uno de los miembros más jóvenes de la compañía llamada The Queen´s Men se encarga de repartir por el escenario vísceras de animales, y sangre fresca. Aparecen cabezas humanas cortadas, recreadas con piel de cerdo, así como pies y manos que son cercenados a los actores en escena. Gracias a este artesano, los asesinatos que se suceden en el argumento, así como las mutilaciones, son veraces actos de violencia. Que el público acoge con un rugido de entusiasmo.

La actriz Flora Spencer-Longhurst en el papel de Lavinia. La representación llevada a cabo en 2006 en The Globe, el teatro original de la compañía de Shakespeare -su copia reconstruida- fue la más cercana a cómo vieron Tito Andrónico los espectadores isabelinos.
La actriz Flora Spencer-Longhurst en el papel de Lavinia. La representación llevada a cabo en 2006 en The Globe, el teatro original de la compañía de Shakespeare -su copia reconstruida- fue la más cercana a cómo vieron Tito Andrónico los espectadores isabelinos.

Acaba de estrenarse Tito Andrónico, la obra de un todavía segundón llamado William Shakespeare, que intenta emular al gran autor de la escena londinense, Christopher Marlowe. Sin saberlo, la literatura anglosajona asiste al origen del género de terror y el gore. Y si nos asusta acercarnos a un clásico de la Literatura, consideremos dos datos. Ningún hombre culto del tiempo de Shakespeare hubiera dicho que su teatro era literatura. Y la más importante biblioteca para el idioma inglés, la Boodleian de Oxford, fundada entonces, rechazaba tener semejante produción de baja estofa en su catálogo. Shakespeare escribía para el vulgo, y sólo unas traducciones demasiado fieles al inglés isabelino pueden empañar lo accesible que resulta, todavía hoy, esta primera obra de terror teatral.

El bardo inglés era, por encima de todo, un hombre de negocios atento a satisfacer los gustos del público. En el momento que se estrena Tito Andrónico Londres sigue deleitándose con los ecos de Tamerlán el Grande, de Marlowe. Esta obra había mostrado por primera vez y sin pudor una violencia extrema, en verso libre. Shakespeare se pone manos a la obra para superarla, cosa que consigue de largo.

Aprovechando la estructura de poder legada por Gengis Khan, Tamerlán el cojo fue el último de los emperadores nómadas. Creador de un enorme imperio en torno al actual Uzbekistán. En este iluminado vemos cómo ordena a sus generales la campaña militar contra Georgia, actual Rusia. Marlowe se inspiró en su vida para la primera obra teatral violenta y gore del teatro isabelino.
Aprovechando la estructura de poder legada por Gengis Khan, Tamerlán el cojo fue el último de los emperadores nómadas. Creador de un enorme imperio en torno al actual Uzbekistán. En este iluminado vemos cómo ordena a sus generales la campaña militar contra Georgia, actual Rusia. Marlowe se inspiró en su vida para la primera obra teatral violenta y gore del teatro isabelino.

Unas pocas frases de Tito Andrónico pueden ilustrarnos en ese aspecto: “un arroyo carmesí de sangre humeante, (…) sale y desciende de entre tus labios de rosa” -de Tito a su hija Lavinia-; “así es como un cochinillo chilla cuando se le prepara para asarle” -de un asesino a su víctima, que grita asustada-; “los dos están aquí, cocidos en este pastel, del que su madre ha comido con tanto deleite” -de Tito a Tamora después de una cena en que les ha servido a sus hijos, cocinados.

Las modernas puesta en escena de Tito Andrónico, como esta de Michael Feinmann en 2013 reflejan la crudeza de la obra original. Fuente: Elliot Frank Photography http://elliottfranks.photoshelter.com
Las modernas puesta en escena de Tito Andrónico, como esta de Michael Feinmann en 2013 reflejan la crudeza de la obra original. Fuente: Elliot Frank Photography http://elliottfranks.photoshelter.com

El brutal argumento puede dividirse en tres partes argumentales. En la primera el general romano que da nombre a la tragedia regresa triunfal de su guerra contra los godos. Trae prisioneros a la reina goda Tamora y a sus hijos. Y para celebrar su victoria, y librarse del pesar que le acarrea que su propio hijo muriera en batalla, ordena un sacrificio humano. El primogénito de Tamora es atado a una pila de troncos, y le son cortadas manos y pies para mejor alimentar el fuego de la hoguera.

La segunda parte es el ascenso de Tamora, que es casada con el emperador romano, y por tanto convertida en emperatriz. Valiéndose de su poder, y para vengarse de Tito, ordena a sus hijos supervivientes que rapten a Lavinia, hija del general. Después de violarla repetidamente y en grupo, le cortan manos y lengua para que no pueda delatarles. Tito para el duro trago de encontrar a su hija así mutilada, e inmediatamente es informado de que el resto de sus hijos han sido hecho prisioneros por el emperador, acusados de traición. Un sirviente trae el falso mensaje de que si Tito se corta la mano y la envía a palacio, se les perdonará la vida. Pero justo en el instante en que acaba de cercernársela recibe el mensaje de que acaban de ser ejecutados.

Este cartel del estreno en 2009 en Madrid refleja bien uno de los aspectos más horribles de la obra, el canibalismo.
Este cartel del estreno en 2009 en Madrid refleja bien uno de los aspectos más horribles de la obra, el canibalismo.

La tercera y última parte es la venganza de Tito. Huído a Germania, regresa para hundir a Tamora y al emperador. Captura a los hijos de ella, y tras matarlos los cocina, literalmente, en un pastel de carne, que sirve a la madre y a su esposo emperador en una cena en su villa. La descripción de esa cocina caníbal es tan vívida, que en una parte del texto parece esconderse, por cómo prepara la sangre de los hijos de Tamora, la receta de la morcilla. La madre se chupa los dedos con los suculentos manjares de Tito. Y es en medio de sus alabanzas cuando el general la informa sobre qué ha comido en realidad.

La escena final es muy acorde a las tragedias de Shakespeare, porque se suceden las muertes y asesinatos. Tito nos revela además que en el fondo su carácter es tan monstruoso como el del resto de personajes. Pero no desvelaré exactamente porqué, para que quien quiera leerla la disfrute.

Todo lo tenebrosa que pueda parecernos la lectura palidece al lado de la capacidad que tuvo en su día el teatro isabelino para representarla. Las compañías tenían su “gore”, ese especialista en efectos especiales al que he aludido al comienzo del artículo. Un habitual de los mercados londinenses, que compraba pequeños animales vivos de los que extraer sangre minutos antes de la representación, y vísceras que dieran más realismo a su labor. Su cargo ha dado nombre, por extensión, al género de literatura y cine sangrientos que todos conocemos actualmente.

En 1594, en el Theatre, podemos imaginar una Lavinia enseñando ambos muñones sangrientos al público, la boca entreabierta y muda manando sangre, que empapa además sus ropas. Muy acorde a la fotografía que ilustra la representación histórica realizada en The Globe en el año 2006. Si además imaginamos el escenario débilmente iluminado por las antorchas, y por la luz de la luna -los teatros isabelinos no estaban cubiertos-, todo se vuelve más realista y tenebroso.

La actual reconstrucción del teatro Globe, del que Shakespeare fue socio, en el que actuó y representó sus obras, es bastante fiel al modelo del original isabelino. El Theatre en que se estrenó Tito Andrónico debió ser muy similar.
La actual reconstrucción del teatro Globe, del que Shakespeare fue socio, en el que actuó y representó sus obras, es bastante fiel al modelo del original isabelino. El Theatre en que se estrenó Tito Andrónico debió ser muy similar.

Tito Andrónico iba a llevar a Shakespeare al éxito. No por la calidad de su obra, o su carácter sanguinario, sino más bien por el azar. Christopher Marlowe, su gran competidor, el llamado a ser nuevo clásico de las letras inglesas, moría ese mismo año en una pelea tabernaria a los 27 años. El bardo, con la lección bien aprendida sobre los gustos de su público, nos regalaría a partir de entonces numerosas tragedias plagadas de muertes, venganzas, conspiraciones y asesinatos. Sus personajes ganarían en grandeza, hasta cotas sublimes como Hamlet o Ricardo III, donde sin efusión de sangre iba a ser capaz de poner los pelos de punta. Pero su tragedia gore quedaba para sembrar, en el futuro, un género que sigue alcanzando hitos en la literatura anglosajona con autores como Clive Barker o Stephen King.

Posible retrato de Shakespeare basado en el "Retrato Chandos". Ilustración realizada por Olga OC http://www.olgaortiz.es para el libro "Shakespeare y Cervantes, diferentes parecidos". http://guadarramistas.com/tienda/diferentes-parecidos-cervantes-y-shakespeare/
Posible retrato de William Shakespeare basado en el “Retrato Chandos”. Ilustración realizada por Olga OC para el libro “Shakespeare y Cervantes, diferentes parecidos“.

A los lectores interesados en abordarla en español hago dos recomendaciones. Primero, evitar, si no están habituados al lenguaje del Siglo de Oro español, la traducción de Luis Astrana Marín. Es sublime, pero dificulta la lectura. Las adaptaciones al español de nuestro tiempo, abundantes, son mucho más asequibles. Después de Tito Andrónico, no volverán a ver a Shakespeare de la misma manera.

A Voyage in the clouds, alta literatura en un libro infantil

La literatura infantil suele ser considerada un arte menor, escasamente tenida en cuenta por los autores de ficción adulta, o relegada al área de los libros de texto. Peor aún, algunos escritores consagrados, considerándola facilona, se lanzan a escribirla, habitualmente con muy pobres resultados. Por eso hoy voy a hablar de un libro álbum, ese formato de libro ilustrado para niños que está dando origen a verdaderas joyas en todo el mundo. Posiblemente, éste sea uno de ellos.

Un viaje por las nubes, la casi verdadera historia del primer viaje en globo entre Inglaterra y Francia
Un viaje por las nubes, la casi verdadera historia del primer viaje en globo entre Inglaterra y Francia

Además de sus cualidades literarias y sus excelentes ilustraciones, lo disfrutarán igual niños y adultos. Este es un aspecto importante y no sé si suficientemente considerado. Son padres y abuelos quienes tienen que leer los cuentos, y es importante que también a ellos les gusten.

Su título llama la atención por la mezcla de francés e inglés, y describe además su contenido, al modo de los viejos libros anteriores al siglo XIX. “A Voyage in the Clouds: The (Mostly) True Story of the First International Flight by Balloon in 1785”. “Un viaje por las nubes: la (mayormente) verdadera historia del primer vuelo internacional en globo de 1785”.

El uso de ambos idiomas en el título no es algo casual, pues la narración nos habla de la colaboración entre un piloto de globos francés, Jean Pierre Blanchard, y un acaudalado caballero estadounidense, John Jeffries. El cual, por cierto, se comporta de modo muy británico: en 1785 tan sólo hacía dos años que Gran Bretaña había reconocido la independencia de su colonia americana.

- ¡Le has negado a la gente mi discurso! - No había tiempo, Doctor. El viento estaba a nuestro favor.
– ¡Le has negado a la gente mi discurso!
– No había tiempo, Doctor. El viento estaba a nuestro favor.

El autor del texto, Matthew Olshan, ha sido capaz de alternar diálogos, narración larga, narración corta, información, chistes y carácter de los personajes, todo en uno. Con el hilo conductor de una rivalidad permanente entre ambos protagonistas, muy interesados en demostrar la superioridad de su nacionalidad frente al contrario. Es uno de los aspectos más divertidos del libro, resueltos con gran pericia literaria. Sobre el Canal de La Mancha, saludan a un barco al que desean buen viaje a través del Canal (así lo llama John, caballero inglés) o de La Manche (como lo denomina Jean Pierre, piloto francés). En el despegue, Jean Pierre alza el vuelo antes de tiempo para ahorrar a los espectadores el largo discurso que trae escrito su compañero John. Y antes de todo eso, las discusiones son frecuentes en cuanto a las disposiciones tomadas para el viaje en globo. El inglés recuerda que la expedición es posible gracias a su dinero, mientras el francés le recuerda que sin su experiencia como piloto no podrían llevarla a cabo.

Todo esto hace muy amena la narración, que tiene su crescendo cuando el globo comienza a perder gas. Obligados a tirar cuanto llevan en la barquilla, ambos caballeros han de desprenderse de todo cuanto llevan encima. Y aquí es donde hay que hablar de las ilustraciones realizadas por Sophie Blackall. Especialmente de aquella en que ambos protagonistas, vueltos de espaldas al lector, y el uno al otro, dudan si quitarse la única prenda que todavía les cubre… sus partes íntimas.

Amigos para siempre. Y sus inseparables perros, también.
Amigos para siempre. Y sus inseparables perros, también.

Sin duda este libro es una de esas muestras de cómo texto e ilustración deben coordinarse para alumbrar un buen libro álbum. Pero además Blackall ha aportado, de manera sutil, mucha información sobre la época. El viaje, efectuado en 1785, respeta en las ilustraciones vestuario, interiores de casas, utillaje de los viajeros, y un sinnúmero de detalles que forman, por sí mismos, una completa información sobre el final del siglo XVIII en Europa.

En suma, es un magnífico libro informativo, con gran calidad literaria, que aúna, además, narración e información. Puede leerse como ficción o como libro informativo. Y su final manda además un mensaje sobre el modo de abandonar las diferencias, y encontrar la amistad, superando juntos las dificultades. Aventuro que no tardaremos en verlo publicado en español, tanto en España como en Latinoamérica. Mientras tanto, el New York Times lo ha incluido como uno de los mejores libros informativos del año 2016. Fue publicado en octubre por la editorial Farrar, Straus, Giroux, del grupo McMillan. En su versión original es también un buen manual para enseñar el idioma a los niños.

El contenido histórico del álbum es también muy interesante. El piloto francés, Jean Pierre Blanchard, fue un verdadero entusiasta del vuelo. Hizo demostraciones con sus globos por toda Europa, y realizó viajes que constituyeron auténticas hazañas en su época. Tanto es así, que el presidente de los Estados Unidos, George Washington, presenció personalmente uno de sus vuelos. Su final fue trágico, pero consecuente con su pasión. En 1808 tuvo un paro cardíaco mientras viajaba a bordo de su globo, cayendo de la barquilla, y muriendo. Pero su mujer se había contagiado ya de ese amor por la aeronaútica, y continuó con su trabajo, realizando otros sesenta ascensos tras su fallecimiento. Siendo así una de las primeras mujeres piloto de la historia. Lamentablemente, tuvo la desafortunada idea de lanzar fuegos artificiales desde su globo, provocando un accidente que acabó con su vida.

Detalles informativos para generar preguntas.
Detalles informativos para generar preguntas.

En cuanto al caballero estadounidense que protagoniza este viaje en globo, fue médico, científico, y cirujano militar. Su interés en el vuelo estuvo asociado a la meteorología, en la que fue pionero. Sus mediciones, realizadas un año antes al viaje del que trata el libro álbum, fueron hechas en 1784, sobre Londres. Y subió en globo específicamente para el estudio científico del aire a altitudes elevadas. Cabe decir que hoy las altas y bajas presiones en la atmósfera constituyen la base del modelo de predicción climática. Por todo ello el National Weatherperson´s Day (Día Nacional de los Meteorólogos, celebrado en EEUU el 5 de febrero) fue creado en su honor, para honrar la labor de los meteorólogos de ese país.

PD y declaración de independencia: Ni la editorial McMillan, ni su asociada Farrar, Straus, Giroux, y tampoco los autores del libro tienen relación alguna conmigo. No me han pagado, seducido ni sobornado para hablar bien de ellos. Me gusta leer, y compartir mis descubrimientos. Este es uno de ellos.

Sobre las ilustraciones: la mayoría de imágenes que incluyo del interior están recortadas para respetar los derechos de los autores, y las limitaciones que impone el copyrigth. Su difusión está hecha con el único propósito de dar a conocer el contenido del álbum.

La máquina se para, de E.M. Foster

Imaginemos por un momento que en un momento del futuro pueda producirse una tormenta solar de parecidos efectos al evento Carrington, de 1859. Si en aquel momento del siglo XIX los sistemas de telégrafo se colapsaron, y la sobrecarga en el cableado eléctrico produjo graves incendios, imaginemos lo que sería en el presente. Nuestros sistemas de satélites, que posibilitan las telecomunicaciones, dejarían de funcionar. Ningún tipo de corriente llegaría a los enchufes de nuestras casas y oficinas. Privados de alimentos, de teléfonos, y de internet, la comida fresca apenas duraría dos o tres días. El agua dejaría pronto de manar por nuestros grifos, privadas las bombas que la mueven de energía. Y en las grandes ciudades en que vivimos ponerse a cultivar la tierra, o a criar gallinas, no sería una opción. Sobre todo, porque no podríamos consultar Google para saber cómo se hace.

El Sol con una pequeña tormenta solar en su lado derecho. A diferencia de ésta, la columna de fuego que produjo el efecto Carrington salió despedido cientos de kilómetros hacia el espacio. Fuente: NASA
El Sol con una pequeña tormenta solar en su lado derecho. A diferencia de ésta, la columna de fuego que produjo el efecto Carrington salió despedido cientos de kilómetros hacia el espacio. Fuente: NASA

Esta posibilidad tan poco conocida de nuestro futuro es la base argumental de “La Máquina se para”, de Edward Morgan Foster. Quien conozca al autor de “Regreso a Howard End” o “Una habitación con vistas” debe olvidar todo ese reflejo de la hipocresía social británica dominante a principios del siglo XX. Este libro no es nada de eso, y si hubiéramos de clasificarlo, admitiría la adscripción tanto al género de ciencia ficción, como al de la distopía tecnológica, a una hermosa historia de amor entre una madre y un hijo, o tal vez todo eso a la vez. Cuando una obra admite tantas clasificaciones, sin encajar en ninguna, es que hay una gran narración detrás. Y felizmente, podemos disfrutarla gracias a Ediciones El Salmón.

Una vez más tengo que hablar de esas pequeñas editoriales que han llenado el panorama de nuestro país con una calidad y un criterio llamado a educar a otra gran generación de autores futuros. La gran literatura nace de la crisis y de la posibilidad de leer, y muchas veces más de la primera que de la segunda. Mientras llegan esos tiempos, en Ediciones El Salmón desarrollan una idea de negocio que revolvería las tripas de los gurús en las escuelas de negocio. Porque usando obras libres de derechos, las venden a precios asequibles -9 euros me costó “La Máquina se para”- y reinvierten las ganancias para seguir publicando. Recomiendo severamente visitar su web para aprender de sus comentarios, catálogo, y de su revista Cul de Sac. Esta última promociona la reflexión, y eso no es algo que suceda a menudo hoy en día.

Primera edición de la novela, como narración corta, incluida en el libro de relatos "The eternal moment", 1928.
Primera edición de la novela, como narración corta, incluida en el libro de relatos “The eternal moment”, 1928.

“En aquellos tiempos, la musculatura constituía un demérito. Todos los niños eran examinados al nacer, y los que auguraban una fuerza física desproporcionada eran destruidos. Los partidarios del humanitarismo podían protestar, pero había sido una crueldad dejar vivir a un atleta; nunca sería feliz en las condiciones de vida que la Máquina le asignaba.”

Foster se muestra increíblemente lúcido, dado que la novela se publicó en 1928, para anticipar un mundo futuro que ya constituye nuestro presente. No sólo porque las ciudades modernas nos obligan a ir a gimnasios para recuperar nuestra fuerza física, sino porque en “La Máquina se para” sus humanos viven de forma aislada, comunicándose entre ellos mediante una tecnología muy parecida a internet.

“Cerca está un lugar al que puedo llegar rápidamente por mi propio pie, no uno al que puede llevarme deprisa el tren o la aeronave. Lejos está un lugar al que no puede llegar rápidamente por mi propio pie. (…) El hombre es la medida. Ésa fue la primera lección.”

Pero la novela sólo nos presenta una apariencia de ciencia ficción donde una humanidad alienada ha entregado su libertad a la tecnología. Debajo de ese ropaje late el conflicto generacional entre una madre y su hijo. Él busca desesperadamente la comprensión a su conducta en el seno materno. Pero la sociedad humana ya no proporciona semejante cosa, y de hecho ella contempla las actividades de su hijo Kuno como una alteración impúdica de las normas.

“Yo estaba desnudo, la humanidad parecía estar desnuda, y todos esos tubos y botones y maquinarias no habían venido al mundo con nosotros, ni nos acompañarán cuando salgamos de él, ni tienen tanta importancia mientras estamos aquí.”

Kuno no está conforme con aceptar el dogma de que es imposible vivir fuera del mundo subterráneo dirigido por la Máquina. Con más ánimo exploratorio que rebelde, realiza un doloroso viaje hacia la superficie. Doloroso, porque el ser humano ha perdido su capacidad muscular, y ascender la torre de ventilación para ver cómo es la Tierra le implica descubrir qué es sudar o sentir tirones. Y también porque, una vez fuera, padece el trauma de tener que respirar, y moverse sin ayuda.

Kuno, protagonista de la novela de Foster, en el capítulo que trasladó la novela a la televisión británica. Fuente: http://www.bfi.org.uk/
Kuno, protagonista de la novela de Foster, en el capítulo que trasladó la novela a la televisión británica. Fuente: http://www.bfi.org.uk/

Vashti, la madre, vive bajo tierra, como el resto de la humanidad, en un entorno perfectamente controlado. La Máquina provee de todo lo necesario para cubrir sus necesidades: calor, luz, comida, descanso. No siendo necesario trabajar, ella se dedica a dar conferencias, y a estar en permanente contacto virtual con sus amigos, mediante un sistema análogo al actual internet. Sin moverse, eso sí, de su pequeño cubículo, pues la idea de entrar en contacto físico con otras personas, o desplazarse, le resulta, simplemente, repugnante. Igualmente despreciable resulta atender la insistencia de su hijo Kuno en llamarla, y peor aún, en verla en persona.

A fuerza de insistir, Kuno logra reunirse con Vashti. Pero si esperaba comprensión o respuestas, estaba equivocado. Lo que recibe es el destierro, sinónimo de muerte, porque el Consejo, una especie de gobierno que domina la sociedad, bien aconsejado por la Máquina, dicta tal sentencia contra todo el que trata de salir a la superficie. Y todo esto a su madre le parece perfecto. Quiere permanecer ciega y sorda a lo que Kuno le cuenta, a la posibilidad de que pueda existir un mundo sin la Máquina, a que la humanidad pueda vivir sin ella, y que la Máquina no quiere que ésta lo sepa.

Vashti y Kuno hacia el final de la novela, tal como fue emitido en la televisión británica en 1966. Fuente: http://www.bfi.org.uk/
Vashti y Kuno hacia el final de la novela, tal como fue emitido en la televisión británica en 1966. Fuente: http://www.bfi.org.uk/

Incluso el final de este libro parece una anticipación de nuestro presente, y tal vez de nuestro futuro. Porque la Máquina acaba parándose, como el título indica. En realidad sufre continuas averías que van privando a los humanos de sus comodidades. Pero éstos van aceptándolo como un proceso necesario para conservar a su Máquina, ya casi convertida para ellos en un dios. Cuando el colapso tecnológico es total, la humanidad subterránea, imposibilitada de salir de los túneles, ahora sin luz, en que vive, se enfrenta a la muerte.

Foster, tal como fue pintado por Roger Fry, pintor perteneciente al Grupo de Bloombsbury.
Foster, tal como fue pintado por Roger Fry, pintor perteneciente al Grupo de Bloombsbury.

Y no seguiré, porque no quiero desvelar el final del libro, ni el destino de Vashti y Kuno, a quien, habiendo leído esta reseña, tenga ganas de leer la novela de Foster. Sólo añadiré que, como prueban los párrafos transliterados, la traducción de Ediciones El Salmón es magnífica. Conserva esa elegancia narrativa del autor, su fluidez de palabra, y la amplitud terminológica de su prosa. Así que muy atentos a su próximo lanzamiento de “La lengua vulgar” de Pier Paolo Pasolini. Porque los que creemos que los grandes retos de nuestro presente ya se produjeron en el pasado, y tal vez sea hora de consultar a nuestros muertos, a ver cómo los resolvieron ellos.

Trabajo sucio, de Larry Brown

Una novela para estar en los altares de cualquier biblioteca
Una novela para estar en los altares de cualquier biblioteca

Me acerco por primera vez a las páginas de Larry Brown en español casi con miedo de ver qué encontraré en mi idioma. Su inglés sureño, del sur de los Estados Unidos, hace en el idioma original algunos de los pasajes incomprensibles. Y no es que dude de la traducción, sino de que el lenguaje pierda fuerza al volcarse al español. Al principio, la verdad, quedo un poco defraudado por la prosa facilona, y un lenguaje aséptico, carente de jerga, y que no parece reflejar el nivel cultural de los protagonistas. Pero se me pasa enseguida. Y, la verdad, acabo preguntándome porqué “Trabajo sucio” no tiene tanta fama como “Johnny cogió su fusil”, de Dalton Trumbo.

El equipo de DW. Fuente www.dirtyworks.com
El equipo de DW. Fuente http://www.dirtyworks.com

Los lectores españoles están teniendo la enorme suerte de que en su país surjan sellos editoriales independientes, dirigidos por grandes lectores. Dirty Works (DW) es uno de ellos, y además la editorial responsable de haber publicado, y traducido, “Trabajo sucio”. La editorial no sería lo mismo sin Javier Lucini, Nacho Reig, Rosa van Wyk e Iban Sainz Jaio. La entrevista en Jot Down habla por sí misma de estos amantes del sur estadounidense, que además cuidan exquisitamente la edición. Merece la pena leerla de cabo a rabo, y descubrir que Lucini es, en sí mismo, un personaje, un escritor, y un rockero. Y si eso ya es fascinante de por sí, el catálogo de DW es como para tenerlo, completo, en la mesilla de noche.

Pero hablemos de “Trabajo sucio”, y de Larry Brown. Para hacerse una idea de lo poco conocido que es, carece de una entrada en la wikipedia en español. Con todos sus defectos, la enciclopedia online es un recurso fácil cuando no sabes quién es alguien, y te sitúa para buscar más información. Gracias al vídeo de una corta entrevista, en inglés, volcada por Lucini en su twitter, descubro a un escritor amante de reflejar a personajes rotos. Lo primero que viene a la cabeza, entonces, es una larga lista de escritores que con una prosa descarnada y una cierta afición a la bohemia, nos descubrieron que en literatura se puede también hablar con estilo de las cosas sucias de la vida. Desesperación, pobreza, drogas, sexo, alcohol, prostitución, como un fin en si mismo, inaugurado en mi opinión por “Las flores del mal”, de Baudelaire. Hablo de una larga lista, que va desde Céline a Buckowsky, y, naturalmente, William Burroughs. Pues bien, Larry Brown no es nada de eso, porque lo supera de largo.

Ilustración para la portada de "Trabajo sucio", de Iban Sainz Jaio.
Ilustración para la portada de “Trabajo sucio”, de Iban Sainz Jaio.

Brown fue un tipo sin formación, que hubo de ir a una academia de verano para reforzar la asignatura de lengua. Bombero, entre otras muchas cosas, aprendió a dominar su lengua a base de escribir -mal, al principio-, y de fracasos editoriales. Tenía una vocación de caballo, y una capacidad enorme para observar a los desgraciados, contar su historia, y conmovernos. Profundamente. Sin usar un solo adjetivo. Esto es lo que hace en “Trabajo sucio”. Esto, y una narración paralela entre dos personajes, los dos protagonistas, ambos soldados, ambos en un hospital de veteranos, ambos con unas secuelas, a consecuencia de sus heridas, terribles. Y lo mejor de todo, en una novela que no es antibelicista, sino humanista.

Porque si al principio la historia transcurre lenta y simplona, y te descoloca porque dos personajes tan absolutamente reventados no rabian, ni se quejan, ni se desesperan, te va agarrando el corazón (por no decir de un sitio más feo) hasta tenerte cogido del todo. Uno podría vomitar por lo injusto que es el mundo con la juventud que es mandada a un servicio militar, y a luchar en la guerra, y luego se desentiende de lo que les haya pasado. Pero en “Trabajo sucio” piensas más en la condición del veterano, de vuelta en la vida civil, con lo material solucionado, y sin ninguna esperanza vital más allá de estar vivo.

A dónde podría conducir una historia como ésta. Lo cierto es que hasta muy avanzado el libro, Brown consigue despistarnos para que no nos demos cuenta de que se masca la desgracia. Una desgracia lenta y contenida, como todo lo demás, lo que la hace más trágica. Pero es que hay una historia paralela, corriendo ante nuestros ojos, que cierra el único rayo de esperanza que nos había abierto el libro. Brutal.

Edición norteamericana del libro, por la editorial Algonquin
Edición norteamericana del libro, por la editorial Algonquin

Entiendo que Larry Brown no sea universalmente conocido. Es un escritor de mucha altura, que posiblemente con el tiempo sobreviva a muchos otros que ahora tienen más fama. Ahora bien, nadie venderá muchos libros contando lo horrible que es el mundo. Me lo dijo una lectora una vez, y fue una gran lección. Para el que quiera aprendérsela.

Comentar, por último, que el diseño editorial de DW es una obra de arte. Lejos de preocuparse únicamente por lo estético, el tipo de papel, impresión, y encuadernación, responde a lo que quienes amamos los libros reclamamos. Calidad, belleza, y consonancia con el contenido. Eso, y el toque de una ilustración en portada que, intuyes, es un aterrador instrumento quirúrgico, obra de Iban Sainz Jaio. Claro que este ilustrador es uno de esos tipos de aquí que hacen unos dibujos como para quedarse tonto mirándolos. Con la lectura llega a saberse lo relevante que resulta. Son los toques, en fin, de unos editores de raza, que acabarán siendo conocidos por todos, y vendiendo cientos de miles de libros.

Portada de la edición DW
Portada de la edición DW

PD. y declaración de independencia: el autor de este artículo no tiene relación alguna con Dirty Works, no le han pagado por él, ni por los elogios, y su única relación con ellos es haberles comprado un par de libros.

Frankestein, el hijo de la Revolución Francesa

Representación de Frankestein en la primera edición del libro de Shelley, en 1817
Representación de Frankestein en la primera edición del libro de Shelley, en 1817

El final de la novela “Frankestein o el moderno Prometeo”, de Mary Shelley, termina con la destrucción. No sólo del monstruo en sí, sino de la idea científica en que se basan los trabajos de su creador, el doctor Victor Frankestein. Pero su comienzo es absolutamente brillante, porque el tesón y el talento de un científico obtienen un logro tan importante como devolver la vida a un muerto. Lo mismo ocurrió, según la opinión de muchos intelectuales de la época, con la Revolución Francesa. Había comenzado con unas propuestas de cambio y mejora en la sociedad brillantes, y terminó en un lamentable, e indiscriminado, baño de sangre.

Uno de los desengañados fue el padre de Mary Shelley, William Godwin, pensador y filósofo. Primero en afirmar que el estado aparentaba preocuparse por nosotros individualmente, pero que en realidad sólo vigilaba las transacciones privadas, para gravarlas con impuestos. Progresista y reaccionario a la vez, propugnaba que los medios de comunicación debían prohibirse, y que los discursos políticos perjudicaban a la sociedad, por basarse en sentimientos, y no en la razón. Sólo la educación de la gente alumbraría un mundo perfecto, y eso exigía un modelo social con mayor igualdad. Miró con simpatía los inicios de la Revolución Francesa, desengañándose cuando el Terror la transformó en un baño de sangre.

Georges Danton, promotor de la Revolución, ministro de justicia y partidario de la ejecución del rey Luis XVI, fue guillotinado durante el Terror.
Georges Danton, promotor de la Revolución, ministro de justicia y partidario de la ejecución del rey Luis XVI, fue guillotinado durante el Terror.

Su hija Mary recibió su pensamiento como influencia, y de manera especial, la preocupación de su padre a raíz de lo que estaba ocurriendo en Francia durante el “Reino del Terror”. Es precisamente en esta etapa, liderada por Robespierre, cuando miles de personas son ejecutadas en la guillotina. Diariamente las plazas se llenan de espectadores que pueden contemplar, en rápida sucesión, decenas de ajusticiamientos. El problema es que los descabezados no son sólo líderes que se opongan a Robespierre o al Terror, sino cualquiera que sea acusado por su vecino de ser contrarrevolucionario. Los juicios son populares, rápidos, y sin garantías.

Tal baño de sangre desengañó a intelectuales como Godwin de que pudiera cambiarse la sociedad mediante la revolución, y a concluir que tal método sólo podía conducir al desorden y la muerte. Además Europa identificó a partir de entonces a los jacobinos con el Terror. De entre los diferentes grupos revolucionarios, éste era defensor ideológico del sistema republicano. Fueron reprimidos por Robespierre, pero en la mentalidad de los contrarrevolucionarios europeos, claramente monárquicos, eran la personificación de todos los males. Unos monstruos no mejores que el propio Frankestein.

Pero si la génesis de la novela como intento de un científico de mejorar el mundo pudo nacer inspirada por Godwin, en realidad sus innovaciones, hoy muy presentes en el género de terror, nacieron gracias al abad Agustin de Barruel. Antiguo jesuita, fue creador de una teoría de la conspiración absolutamente popular en su época. De acuerdo a la misma, los masones y la secta de los illuminati se habían puesto de acuerdo para acabar con el cristianismo. Su vía de acción era la Revolución Francesa, y sus motivaciones, el culto al diablo y la adoración de Satanás.

A Mary Shelley, y a su marido Percy, les fascinó la obra de Barruel, publicada en 1797, con el título “Memoria para servir a la historia del Jacobinismo”. Un verdadero bestseller de su tiempo. Los detalles de la gran conspiración, inventados, basados en rumores, o de fuentes desconocidas, hablaban de reuniones secretas, de acuerdos en callejones oscuros y solitarios, y de personajes tan anónimos como siniestros. Casi parecía más una novela gótica que un ensayo. En la novela de Shelley el robo de cadáveres, el experimento de devolver la vida al monstruo, y numerosos detalles del argumento, parecen tomar como fuente al preocupado abad francés.

Supuesto símbolo de los illuminati, o de los masones, en los billetes actuales de dólar estadounidenses
Supuesto símbolo de los illuminati, o de los masones, en los billetes actuales de dólar estadounidenses. Fuente: Thinglink

Es evidente que ningún libro puede escapar totalmente a su época, y es casi una ironía del destino que Frankestein, novela por excelencia de terror, tuviera parte de su génesis en el Reino del Terror de Robespierre. El monstruo de Shelley acaba con todo lo que ama su creador, su propia obra científica, y las personas a las que quiere. La Revolución Francesa también acaba matando a sus hijos -Robespierre, como otras tantos líderes, muere a manos de revolucionarios descontentos con el Terror-; y el mismo proceso revolucionario termina en Napoleón, que se corona como más que rey, como emperador.

Para aquellos a quienes hayan acometido ganas de releer la obra, debe advertirse que en la actualidad existen tres versiones. La publicada en 1817 es la más dura y descarnada, además de poco conocida. La que se imprimó en 1818 está corregida por Percy Shelley. Y la que universalmente leemos hoy fue reescrita por Mary Shelley en 1831. Para entonces su marido había muerto ahogado. Enterrado en la playa primero, para cumplir con las leyes de la cuarentena, y desenterrado al mes, su cadáver fue quemado a la orilla del mar. El corazón no ardió, y uno de los asistentes al “funeral”, el novelista Edward Trelawney, lo rescató de las cenizas. Para entregarlo después a su esposa Mary Shelley, que lo conservó de por vida, sin separarse jamás de él. Y sin duda reescribiendo las páginas de su Frankestein en presencia de tan macabro recuerdo. Romanticismo en estado puro. O, si se prefiere, puro terror revolucionario.

El aspecto de este corazón momificado de momia es similar al que tendría el de Percy Shelley. Fuente: Revista Española de Cardiología.
El aspecto de este corazón momificado procedente de Egipto es similar al que tendría el de Percy Shelley. Fuente: Revista Española de Cardiología.

Todas las ediciones existentes de “Frankestein o el moderno Prometeo”, en español, aquí.