La carta de Roald Dahl a favor de las vacunas

La carta de Roald Dahl a favor de las vacunas

Si alguien ha tenido hijos y no conoce a Roald Dahl, es hora de ir a las librerías y bibliotecas, e incluso hacerse con las películas que han adaptado sus obras. Si no ha tenido hijos y no lo ha leído nunca, también. Porque Dahl es mucho más que un autor de literatura infantil, es además un gran transgresor, que supo aportar al género crueldad, maldad, gamberrismo y altura intelectual. Todo lo que apasiona a los jóvenes lectores, y que exigen los adultos. Puede que haya quien haya visto “Charlie y la fábrica de chocolate” de Tim Burton, la “Matilda” dirigida por un inesperado Dany DeVito,  o “Mi amigo el gigante” de Steven Spielberg, sin caer en la cuenta de lo que tienen en común: un mismo autor.

Oilivia Dahl y la defensa de las vacunas por Roal Dahl
Roald Dahl con su familia. Olivia, la primera por la derecha, con el perrito.

Pero hoy quiero hablar de algo mucho más triste que la literatura, y es la muerte de su hija Olivia por una enfermedad hoy tan aparentemente banal como la rubeola. Murió a causa de ella, con sólo 7 años, en 1962. El autor escribió su carta en 1984, porque aunque a algunos les pueda parecer una moderna corriente a la que sumarse, ya existía por entonces el movimiento en contra de la vacunación. Es a sus defensores a quien Dahl habla, y he querido traducir aquí sus palabras, porque creo que los escritores no sólo hacen literatura en sus obras. Y a veces merece la pena leer lo que escribieron fuera de sus libros.

“Olivia, mi hija mayor, cogió la rubeola cuando tenía siete años. La enfermedad cursó según sus síntomas habituales, por lo que me dediqué a leerle en la cama, sin alarmarme demasiado. Entonces una mañana, cuando ella parecía estar ya recuperándose, me senté en su cama para enseñarle cómo hacer animales con limpiapipas de colores, y cuando la animé a hacer uno por ella misma, me di cuenta de que sus dedos y su mente no trabajaban coordinadamente, y que ella no podía ya hacer nada.

– ¿Te encuentras bien?-, la pregunté.

– Tengo sueño”-, me dijo.

En una hora entró en estado de inconsciencia. En las siguientes doce horas estaba muerta.

Foto de Olivia Dahl antes de su enfermedad y muerte
Foto de Olivia Dahl antes de su enfermedad y muerte

La rubeola había evolucionado a una variante terrible llamada rubeola encefálica, y no hubo nada que los médicos pudieran hacer para salvarla. Esto sucedió hace veinticuatro años, en 1962, pero incluso hoy, si un niño contagiado de rubeola evoluciona como Olivia, sigue sin haber nada que los médicos puedan hacer por él.

Por otra parte, hoy hay algo con lo que los padres pueden asegurarse que semejante tragedia no les suceda a sus hijos. Pueden insistir en que sus niños sean inmunizados contra la rubeola. Yo no pude hacer tal cosa por Olivia en 1962, porque por aquellos días no se había descubierto una vacuna contra la rubeola. Hoy existe una vacuna segura y disponible para cualquier familia, y lo único que tienen que hacer es pedir a su médico que se la administre.

Todavía no se ha admitido universalmente que la rubeola puede ser una enfermedad peligrosa. Créanme, lo es. En mi opinión los padres que reúsan inmunizar a sus hijos están poniendo en riesgo sus vidas. En América (EEUU), donde la inmunización contra la rubeola es universal, lo mismo la rubeola que la viruela se han, virtualmente, erradicado.

Aquí en Gran Bretaña, a causa de que tantos padres rechacen, lo mismo por ignorancia que por miedo, inmunizar a sus hijos, tenemos miles de casos de rubeola cada año. Además de eso, diez mil sufrirán efectos colaterales debido a ella, de un tipo u otro. Al menos diez mil desarrollarán infecciones pulmonares. Y alrededor de 20.000 morirán.

Dejemos que esta idea penetre en la gente.

Cada año mueren veinte mil niños en Gran Bretaña por rubeola.

Asi que, ¿cuáles son los riesgos que corren sus hijos al ser inmunizados? No hay tales riesgos. Escuchen esto. En un distrito de 300.000 habitantes, habrá sólo un niño cada 250 años que padezca efectos secundarios debido a la vacuna contra la rubeola. Es una posibilidad entre un millón. Deberían considerar si es más posible que sus hijos mueran atragantados con una onza de chocolate antes que se pongan gravemente enfermo por la inmunización contra la rubeola. Así que, ¿de qué se preocupan? Es casi un crimen no vacunar a sus hijos. El momento ideal para hacerlo es a los trece meses, pero nunca es demasiado tarde. Todos los niños escolarizados que aún no hayan sido vacunados contra la rubeola deberían rogar a sus padres que los inmunicen lo antes posible.

El gigante bonachón (The BFG) ilustrado por Quentin Blake
El gigante bonachón (The BFG) ilustrado por Quentin Blake

Accidentalmente dediqué dos de mis libros a Olivia, el primero fue “James y el melocotón gigante”. Fue cuando aún estaba viva. El segundo fue “El gigante bonachón”, dedicado a su memoria después de que hubiera muerto por rubeola. Usted verá su nombre al inicio de cada uno de estos libros. Y yo sé cómo de feliz sería ella si sólo pudiera saber que su muerte ayudó a salvar de la enfermedad y la muerte a otros niños.

(La carta original en inglés aquí)

Es casi obligado mencionar la base científica que llevó a Louis Pasteur a descubrir la efectividad de inocular pequeñas cantidades de bacilos en el ser humano, lo que llamamos vacunación. No es otra que cuando superamos una enfermedad contagiosa nos inmunizamos contra ella, porque nuestro sistema defensivo aprende a reconocer sus agentes infecciosos. Nuestras abuelas y bisabuelas ponían a sus hijos a dormir juntos, para que los hermanos pasaran de una sola vez el sarampión, o la varicela, y en general todas esas enfermedades de los niños, de las que hoy se inmunizan con las vacunas. No eran unas madres con cultura científica, y en muchos casos incluso apenas sabían leer o escribir, o directamente no sabían. Pero se comportaban de forma mas científica que algunos de quienes hoy viven en la sociedad de la información. Eso debería hacer reflexionar a algunos. Eso, y pensar cuánto no hubiera dado Roald Dahl por una cura para su hija Olivia.

A mi no me gustan los libros

Cuando una persona me dice que no le gustan los libros, siempre quedo convencido de que nadie ha tenido la paciencia de encontrar para él, o ella, el libro que le gustaría.  No es extraño, dado lo mareantes que resultan la lista de novedades editoriales anuales, las librerías y sus interminables estantes, los catálogos editoriales, las reseñas, los consejos de amigos, las recomendaciones, y el acumulado de publicación de la cultura humana universal. Eso, por no hablar de los prejuicios a que nos induce nuestra educación, y que exige que una vez superados los dieciséis no leamos libros juveniles, pero sí a Stevenson y su Isla del Tesoro, porque es un clásico, o a Melville y su Moby Dick por lo mismo. La ciencia ficción no es literatura, pero varias obras de Asimov están en esas listas chorras de “1.001 libros que hay leer antes de morir” (¿de aburrimiento?).

La mayor biblioteca dedicada a la conservación de manuscritos y libros raros, en la Universidad de Yale.
La mayor biblioteca dedicada a la conservación de manuscritos y libros raros, en la Universidad de Yale.

Este es un blog para acabar, en la medida de lo posible, con esas ideas, y con los pervertidos que determinan qué puede, y no puede, leerse. Estarán todos los géneros, sin censuras. Y todo, hecho por un escritor a quien todo lo que ha leído -varios miles de libros- aún le parece poco, que sigue descubriendo autores y lecturas cada día, y cuyo único ánimo es descubrirle a otros esos tesoros de los que es capaz el ser humano. Somos una especie capaz de las mayores atrocidades, ruindad y mezquindad, pero ciertos individuos, al ponerse a escribir, me devuelven la confianza en que merezca la pena no extinguirse. Ya veremos.